domingo, 21 de octubre de 2012

La mitología de Inuyasha




Una de las razones por las que me hice otaku hardcore fue por Inuyasha. Siempre voy a reconocer eso. Recuerdo que lo empecé a ver por Cartoon Network pero, como es común en estos canales, lo quitaron cuando se les dio su gana; estonces le entré a ver anime por youtube.

Esta historia, creada por la mangaka Rumiko Takahashi (a quien recordamos por animes como Ranma 1/2), se ambienta en el Japón feudal, para ser precisos en el periodo Sengoku. Aquí, un semidemonio (mitad humano, mitad perro) llamado Inuyasha quiere conseguir la perla de shikon -una joya mágica capaz de cumplir cualquier deseo- para así poder convertirse en un demonio completo. Es así que comienza a seguir a la sacerdotisa Kikyo, quien es la encargada de proteger la perla, con el objetivo de robársela; sin embargo, con el paso del tiempo, terminan enamorándose. Kikyo le propone a Inuyasha usar la perla para convertirlo en humano, con ese acto la perla se purificaría y se destruiría, de esa manera podrían estar juntos para siempre. Sin embargo, ambos son engañados por un demonio llamado Naraku quien los hace creer que se traicionarían. Inuyasha, furioso, decide atacar la aldea y robar la perla, pero Kikyo frustra su plan y lo deja sellado en un árbol. Ella muere por las heridas ocasionadas en la pelea y deciden quemarla junto con la perla para que de esta manera no pueda ser usada para el mal.



Pasan 500 años, en la época contemporánea, una chica llamada Kagome es atacada por un monstruo que la arrastra a un antiguo pozo que se encuentra en el templo que cuida su familia; éste pozo la transporta al pasado, a la época donde se encuentra Inuyasha sellado. El monstruo intenta sacarle la perla de shikon que ahora habita en su interior, pues resulta que ella es la reencarnación de la sacerdotisa Kikyo; durante la pelea ella libera a Inuyasha de su letargo para que la ayude a deshacerse del monstruo. Sin embargo, por un descuido de Kagome, la perla se rompe en cientos de pedazos que son esparcidos por todos lados.  



Así comienza la historia: Inuyasha y Kagome tendrán que emprender un viaje para buscar todos los fragmentos de la perla antes de que caigan en malas manos.  En el camino se les unirán otros personajes: Sango, el monje Miroku y Shippo. El villano de la historia es un demonio llamado Naraku, quien intenta apoderarse de todos los fragmentos para usarlos en sus planes malignos. Él ha ocasionado sufrimiento a todos los personajes de la historia, por lo que se vislumbra que la batalla final será contra él.

Inuyasha es una mitología por sí misma. Y no sólo por el hecho de que recurra a la propia mitología japonesa para explicar a algunos de sus personajes; sino porque además crea mitos nuevos para darle sentido al universo donde habitan los seres fantásticos de la historia, esas pequeñas leyendas que nos narran el origen de las cosas. Cuenta con un abanico de personajes que se despliegan a lo largo de sus más de 190 episodios: deidades, demonios, monstruos, héroes, samuráis, ninjas, aldeanos, monjes, entre otros; todos ellos –incluso los incidentales- son complejos y hermosos.



La complejidad de los personajes radica en las batallas internas que cada uno está librando; todos, en algún momento, se tambalean entre la luz y la oscuridad. Se nos plantea la idea de que el bien y el mal son inherentes a nuestra naturaleza, habitan dentro de nosotros; pero son nuestras acciones y decisiones las que mueven la balanza a un lado u otro. La historia lo deja claro, es fácil caer en la oscuridad, sumergirse en ella y dejar que se apodere de tu alma; ya que desde un principio estuvo ahí, presente, latente. Todos tenemos ese deseo malsano muy en el fondo de nuestros corazones, ese acto egoísta que nos puede llevar por el camino incorrecto. Como es el caso de Naraku -el mismísimo mal encarnado- él proviene del deseo oscuro de un bandido que, antes de morir, le ofrece su alma a cientos de demonios con el objetivo de tener un nuevo cuerpo y ganarse el amor de Kikyo. Es por eso que los villanos de Inuyasha son tan “humanos”, tan convincentes, e incluso entrañables; pues sus motivaciones quedan claras y bien planteadas.

También podemos hablar de una dualidad que está presente en algunos de los personajes; como es el caso de su protagonista, Inuyasha. Es ésta lucha constante entre dos opuestos (el ser demonio o el ser humano) lo que viene a agregar conflicto a sus acciones. Este es un recurso usado por la autora para dotar de complejidad a sus personajes; basta recordar el caso de Ranma 1/2, el dilema del chico que al mojarse se convierte en mujer.

Inuyasha cuenta con una narrativa intertextual, es decir, a través de la trama principal encontramos otras pequeñas historias, mitos, leyendas y anécdotas que se entrelazan para complementarla. Además, hay una fuerte relación con el Shinto, pues se habla de divinidades, de seres espirituales y de la fuerza de la naturaleza; todo ello partiendo de la idea del “alma” como algo que permanece, que se transforma, que reencarna.


La religión Shinto está ligada con las creencias de los campesinos y agricultores japoneses; por eso no es raro ver que la historia se desarrolle precisamente  en  las aldeas y feudos con una fuerte creencia en las deidades de la naturaleza: este es el escenario perfecto para que habiten e interactúen los personajes sobrenaturales de este anime. Además, hay que recordar que la trama tiene lugar en el Japón feudal,  en un periodo de guerra civil; es en este ambiente turbulento donde las aventuras de Inuyasha encajan perfectamente; el lugar perfecto para que los humanos convivan con demonios y toda clase de seres.

Inuyasha es el perfecto equilibrio entre acción, batallas, suspenso, romance y humor. Es obvio que una serie que dura tantos episodios debe saber equilibrar todas estas para mantenerse interesante. Rumiko sabe hacerlo, es especialista en historias largas (volvamos al ejemplo de Ranma 1/2) y la razón por la que sus historias largas logran atrapar a los espectadores hasta el final es por la gran cantidad de personajes que aparecen. Ella echa mano de la mitología japonesa y la mezcla con una historia de amor y aventura. Nos presenta un retrato muy a su estilo del Japón medieval, con todas sus costumbres y su folclore.



Este es uno de esos animes épicos a los que antes estábamos acostumbrados, con historias entrañables, con grandes batallas y, sobretodo, con una historia de amor que nos hace derramar lágrimas frente al monitor. Yo aprendí a amar el anime gracias a Inuyasha; aprendí lo que era el dolor/satisfacción de seguir una serie tan larga, de esperar pacientemente por el final feliz que tanto deseaba para mis personajes. En el trayecto, y sin darme cuenta, me enamoré de Japón, de ese lugar enigmático donde todo parece posible.
  

3 comentarios:

  1. En la prepa, mis amigas y yo nos reuníamos a ver esta serie, pero nunca vimos el final... ahhh, qué bonitos recuerdos.

    ResponderEliminar
  2. al leer este post casi me largo a llorrar... me hizo recordar mucho a mi infancia y al amor que siempre le tengo a Inuyasha :')

    ResponderEliminar
  3. Yo tambien lo ame mucho,.. que lugar enigmatico que es japon,.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...