domingo, 16 de junio de 2013

La infancia y mi vecino Totoro



Tengo un sobrino de dos años; me gusta verlo emocionarse por las cosas más simples: una pelota que rebota, burbujas de jabón, las luces de sus carros de juguete. Suena a lugar común, lo sé, pero la infancia es una etapa maravillosa. Y si hay una película que retrata a la infancia de una manera magistral es Mi vecino Totoro (1988), del creador japonés Hayao Miyazaki.

Mi vecino Totoro trata de las aventuras de Mei y Satsuki, de cuatro y once años respectivamente,  quienes junto con su padre se mudan a una zona rural cerca de Tokyo. Conforme avanza la historia nos enteramos de que su madre está hospitalizada cerca de ahí. Es precisamente esta ausencia de la madre la que los obliga a adaptarse a una nueva vida en su nueva casa; el padre tendrá que hacerse cargo de sus hijas y éstas tendrán que adquirir responsabilidades para ayudar en las tareas diarias de la casa. Todo sería normal a no ser de su peculiar vecino, Totoro, un espíritu del bosque, y los Totoros pequeños que lo acompañan.


La historia es bastante simple –comparada con las otras obras del autor- pues es tan sólo el retrato del día a día de esta familia, de su cotidianeidad; pero a pesar de esto se  muestra una complejidad como la infancia misma. Aquí no pasa nada, pero pasa todo. Es como si la historia se dirigiese a un punto dramático, como la calma que precede a la tormenta. Esto se percibe por ejemplo cuando llega un telegrama urgente del hospital, donde pensamos que quizá la madre empeoró o incluso murió; o cuando Mei se pierde y existe la posibilidad de que se cayera al río. Pero  después no pasa nada, las cosas salen bien al final de cuentas  y los personajes continúan con sus rutinas.

¿Entonces en qué radica la complejidad de la historia?

Miyazaki entiende a la niñez como ningún otro, y esto lo plasma en la película –acaso basada en su historia personal- de una manera muy natural. Muestra a los niños como seres complejos que perciben el mundo que los rodea de una manera diferente, más pura. La infancia es la etapa donde los niños experimentan emociones nuevas; aprender a convivir, a reír, a imaginar, a crear; pero también conocen el miedo y el doloroso proceso de adaptación a situaciones que están fuera de sus manos. Sin embargo, Miyazaki ve en la niñez la etapa donde se tiene mayor libertad, pues los niños se apropian de todo aquello que ven en su entorno, haciéndolo parte de ellos; esto les permite moverse en el nivel de lo fantasioso, donde se permiten creer en fantasmas, espíritus y seres mágicos.


Pero sobre todo, el autor nos muestra que los niños sufren y sienten temor. Para  ayudarse a lidiar con esto, Mei y Satsuki encuentran refugio en la naturaleza, en el bosque que está afuera de su casa; un lugar que las acoge y las resguarda de las vicisitudes del mundo “de afuera”. Ahí habita su peludo amigo Totoro, un espíritu que las ayudará a luchar contra sus miedos. Una escena magnífica –quizá la más representativa de la película- que ejemplifica esto es la de la parada del autobús; ahí Satsuki y Mei se encuentran esperando a que su padre llegue de la universidad donde trabaja, pero el camión parece estar retrasado, está lloviendo y cada vez oscurece más; Satsuki se ve obligada a cargar a su hermana quien se ha quedado dormida. En esta situación es inevitable que Satsuki empiece a sentir desesperación y miedo de que su padre tal vez no llegue. Pero entonces aparece Totoro a hacerles compañía, desapareciendo cualquier sentimiento de desolación; y la espera se transforma en algo divertido y mágico. 


Esta escena es cautivadora; con sólo el sonido de la lluvia cayendo sobre el bosque, Satsuki ve por primera vez a Totoro, quien se encuentra cubriéndose de la lluvia con tan solo una hoja de árbol, lo que resulta gracioso dado el tamaño de éste. Satsuki lo mira sorprendida; no hay temor en su mirada, más bien admiración y la reafirmación de que Totoro es real. La escena transcurre casi sin diálogos, Satsuki le ofrece el paraguas de su padre y Totoro lo acepta sin saber bien cómo usarlo, después éste se divierte haciendo caer las gotas de los árboles para escuchar el estruendo que hacen al golpear con el paraguas. La noche, la lluvia, la quietud del inmenso bosque parecieran crear un paisaje desolador, pero no es así, porque la luz de la lámpara cae cálidamente sobre ellos, Satsuki tiene a Mei cargada, protegiéndola, como si fueran una sola; y a lado está el gran espíritu del bosque acompañándolas en su espera. Ni que decir de la entrada triunfal del Gatobús.


 Mi vecino Totoro es entonces una metáfora de la infancia, donde se plasman todos aquellos sentimientos que acompañan la vida de un niño. Se nos muestra a los niños como seres sociales que se relacionan con su familia, vecinos y amigos; pero que también encuentran un profundo vínculo con las cosas que los otros no puede ver, con las cosas que son libres de imaginar. Los niños se manejan sin prejuicios y eso les permite relacionarse con su entorno de una manera más natural, casi primitiva. Es así que el autor nos hace acompañar a este par de hermanas en el camino de su aprendizaje emocional, donde con la ayuda de Totoro le hacen frente a sus problemas.

La complejidad de la historia radica entonces en sus personajes, a los cual Miyazaki dotó de una bellísima humanidad; son ellos los que nos trasmiten un mensaje de amor, respeto y convivencia. Mei y Satsuki aprenden a ayudarse la una a la otra, son capaces de compartir y creer en ese mundo maravilloso donde existen seres fantásticos. Ellas cuentan con el amor de sus padres, quienes en lugar de frenar su imaginación la incentivan. El autor nos muestra que la libertad se encuentra en aquello que somos capaces de imaginar. Totoro existe porque ellas creen en él, y es a partir de eso que está presente en su mundo.


Quiero que mi sobrino, cuando sea un poco más grande, vea Mi vecino Totoro, y que entienda su hermoso mensaje. Quiero que tenga la libertad de creer en personajes como Totoro, el Gatobús y los duendes del polvo; pero ante todo quiero que sepa que puede ser fuerte, sin importar sus miedos. 



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