martes, 19 de noviembre de 2013
lunes, 18 de noviembre de 2013
Un viaje a través de Tokio
Kon nos tiene acostumbrados a historias con
personajes complejos que sirven como principal soporte de toda la trama. Desde
una artista juvenil paranoica, pasando por una reconocida actriz obsesionada
con un amor, hasta una detective de los sueños. Todos estos personajes son
llevados con maestría por historias que viajan a través de una línea muy sutil entre
la realidad-paranoia, la realidad-recuerdo, y la realidad-sueño.
Pero entonces está el caso de Tokyo Godfathers (2003)
donde, rompiendo un poco con su tradición, Kon nos regala un viaje por Tokio,
esa gran ciudad cubierta de nieve. Los encargados de guiarnos en este viaje son
tres vagabundos entrañables: el alcohólico Gin, el travesti Hana y la
adolescente fugitiva Miyuki.
Estos tres peculiares personajes descubren a un bebé
en la víspera de Navidad, mientras hurgaban basura; además de una nota, la niña
trae consigo una bolsa con pistas sobre los padres. Después de debatir entre
quedarse con la niña o entregarla deciden que lo mejor es buscar a sus padres;
para eso emprenderán un viaje por los recovecos de Tokio siguiendo las pistas y
reuniendo el rompecabezas sobre la identidad de los padres.
Lo interesante de esta travesía es que supone un
viaje introspectivo para cada uno de los personajes, donde tendrán que
enfrentarse con recuerdos dolorosos de su pasado y la carga de todas sus malas
decisiones. Durante su viaje los vamos conociendo poco a poco, con esos
pequeños destellos que dejan entrever de su vida pasada.
Y es que al final de cuentas Gin, Hana y Miyuki son
huérfanos emocionales, que más allá de que tengan una familia o no, han
decidido romper los lazos afectivos con las personas de su pasado. Son tres
personas solitarias que coinciden en un punto, dentro de esa urbe fría e
impersonal como lo es Tokio. Se encuentran y se reconocen en sus soledades
autoimpuestas; y en esa huida de su pasado doloroso, deciden acompañarse.
El bebé que aparece milagrosamente entre escombros y
basura (con alusiones a la idea cristiana del nacimiento de Jesús) se convierte
en el pretexto para que estos tres personajes se replanteen su vida y se
enfrenten al pasado del que se encuentran huyendo, todo esto para resarcir sus errores
y reencontrar el amor que alguna vez dejaron ir. En el camino se darán cuenta
de que la tarea de regresar a la niña con sus padres los hará a su vez
encontrar su propio camino a casa.
Y aunque todo esto pudiera parecer muy dramático, la
realidad es que este es sin duda el trabajo más divertido y cómico del autor,
lo cual no le impide profundizar sobre temas tan propios de la conducta humana,
como la soledad, el amor, la esperanza, etc. No sólo nos regala una película
cómica con algunos tintes dramáticos, sino que a su vez se convierte en un
perfecto cuento navideño a la altura de cualquier otro.
Satoshi Kon nos ha demostrado que sabe contar historias;
pero más que contarlas, nos toma de la mano y nos lleva por un vertiginoso
viaje a través de sus personajes. Más que espectadores somos cómplices; con él
nunca sabemos a dónde nos llevarán estos recorridos estrepitosos, pero nos
dejamos llevar porque estamos seguros que siempre será memorable.
domingo, 10 de noviembre de 2013
The Tatami Galaxy (四畳半神話大系, Yojōhan Shinwa Taikei)
El
mínimo interés por Japón pronto revelará qué es un tatami. De una u otra forma.
Así de importante es.
Una
estera de tatami está hecha del material más adecuado para el clima en Japón:
paja de arroz tejida y cubierta con juncos. Son tapetes, cubren el piso de las
casa japonesas. Pero eso no es todo. El tatami siempre presenta el mismo tamaño
y la misma forma, de hecho, proporciona la unidad de la que derivan el resto de
medidas y proporciones de la arquitectura japonesa tradicional.
En
clase de japonés, los alumnos practican diálogos en los que se viaja a Japón.
Así lo estipulan los libros de texto, tal vez porque para hablar japonés hay
que conocer Japón. Japón solo existe en Japón, y solo ahí se habla japonés. En
dichos diálogos de viajero uno de los objetivos es aprender a preguntar por la renta de
habitaciones y, para conocer su tamaño y calcular su costo hay que saber
qué es tatami, cuánto mide tatami. El tamaño de una habitación viene dado por
el número de tatamis que podría contener. El cuarto del té con frecuencia mide 4,5
tatamis; la habitación que un estudiante puede rentar, también. Incluso las
casas modernas suelen tener al menos un cuarto con tatami para llevar a cabo
ceremonias, agasajar a los invitados o relajarse.
Hay
un anime, The Tatami Galaxy (四畳半神話大系, Yojōhan Shinwa
Taikei, literalmente "4½ Tatami Mythological Chronicles")… De alguna
forma el título lo dice todo, cuenta de qué trata la historia, pero solo puedes
saberlo hasta ver el final de la misma.
La
galaxia tatami. La galaxia del cuadrado perfecto. Las crónicas mitológicas en el espacio de 4,5 tatamis.
El
tatami por no ser redondo o esférico deja de ser perfecto. Nada de eso. La
galaxia del tatami es como un universo budista, y un universo budista nace con
cada uno de nosotros y muere con cada uno de nosotros (es decir, el tamaño no
importa, podemos ser infinitos y limitados a la vez).
Esta
historia trata sobre el destino. Y el destino puede ser perfecto, si eliges
bien. Eso sí, el destino perfecto conjuga una serie de acciones que siempre serán
la decisión correcta. De no ser así, el éxito se diluye, el fracaso permanece.
¿Cómo
se monta un cuadrado, un tatami 4.5? Con maestría. La ordenación narrativa en The Tatami Galaxy
y el ritmo de los elementos que conforman la galaxia son uno mismo. Ya verás.
P.D.
Este anime usa una combinación entre el 2D tradicional y elementos 3D,
secuencias cinematográficas y escenarios reales. Es algo muy único. No hay nada
que se parezca a la animación de The Tatami Galaxy, por algo se llevó el gran
premio en la categoría de animación en el Japan Media Arts Festival 2010.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Free!
Si me leen con frecuencia seguramente se han dado cuenta que mi estudio favorito, en este momento, es Kyoto Animation. Mis razones son bastante sencillas: sus historias me divierten e interesan. Podría dar otras, quizá más objetivas: sus trabajos, por ejemplo, se caracterizan por técnicas de animación de muy alto nivel, por el cuidado que ponen a la música incidental, openings y endings, fan service, etcétera. Lo más importante para mí, sin embargo, son las historias. Por muy cuidado que sea todo lo demás, si la historia no es atractiva, prefiero no dedicarle tiempo. No tiene que ser una historia profunda, con personajes complejos y reveses sorprendentes (que también disfruto mucho); a veces sólo deseo saber qué más va a pasar, corroborar, quizá, que va a haber un final feliz.
Ese es el caso de Free!
Lo primero que vi de esta serie fueron unos gifs que anduvieron circulando por Tumblr. En ellos se apreciaban varios personajes masculinos, el lance de uno de ellos hacia la piscina; nada muy claro. Luego vino el anuncio oficial: Kyoto Animation produciría la historia de un club de natación.
En otra ocasión señalé la tendencia constante de este estudio a valerse de los clubes de actividades extraescolares para construir su argumento. Ahí están, para demostrarlo: K-ON!, Hyôka, incluso Kyôkai no Kanata (de esta temporada). Son situaciones ideales. Un grupo de personajes, unidos por un fin común, viven una serie de cosas que fortalecen su amistad: aprender a tocar una guitarra, resolver misterios, mantener el orden universal; no importa.
Para los personajes de Free! es igual: mediante la práctica de la natación, que tan buenos recuerdos les ha creado, se acompañan en la vida. No obstante, aquí hay un elemento relevante: uno de ellos se ha separado del grupo. Persigue un sueño que no le es propio, al que se siente, sin embargo, atado. Es un excelente atleta, pero los fracasos, cuando los hay, pesan en su corazón como una piedra. Un propósito ajeno siempre es un peso muerto y en su terquedad, se vuelve incapaz de descubrirlo. Resiente a sus amigos, en particular a uno, que juzga talentoso, porque siente que no será comprendido, que ninguno de ellos podrá conocer cómo es, verdaderamente, su dolor.
Y, sin embargo, ahí están ellos, buscando cómo hacerse un lugar para ser libres, para ser quienes son, felices dentro de las aguas transparentes de su pequeña piscina. Acompañándose, que para eso es la amistad y esperando, también, el regreso de aquel con quien alguna vez probaron la delicia de la victoria compartida.
Free! es el primer trabajo de dirección de Hiroko Utsumi, quien ha desempeñado varias funciones para otros proyectos del estudio; y se transmitió entre julio y septiembre de este año. El inesperado éxito de este anime ha dado frutos: todo parece indicar que el próximo año habrá una segunda temporada.
domingo, 27 de octubre de 2013
Dos animes musicales
Me gustan los
animes que involucran música, artistas e historias de vida. Creo que podemos
encontrar varios que cumplan con estas características; en mi vida otaku me he topado con algunos
maravillosos que me han marcado (Nodame Cantabile,
Nana, Skip Beat!), pero en esta ocasión quiero hablarles de otros dos, los
cuales tienen algunas similitudes.
1. Beck
Beck (2004) narra la historia de Koyuki,
un chico de 14 años que al entrar a la escuela secundaria su monótona vida
comienza a cambiar, sobre todo cuando conoce a Ryusuke, un guitarrista que lo
introduce al mundo de la música y el rock. Juntos empezarán una amistad que los
llevará a crear una banda de rock, para esto se sumergen en la escena musical
del momento, en busca de músicos talentosos que se unan a su proyecto. En el
difícil camino de Koyuki para convertirse en un músico profesional se
involucran otras personas además de Ryusuke; como Kenichi, su profesor de
natación y guitarra, Maho, su nueva amiga que a la vez es hermana de Ryusuke,
así como sus amigos de la infancia Izumi y Tanabe.
Ahora bien, a
simple vista Beck parece una historia
bastante común: un chico que quiere convertirse en una gran estrella de rock.
Pero no es así. Beck tiene la
cualidad de ser sumamente realista, tanto en la forma de contar la historia
como en sus personajes. Koyuki no tiene un talento natural y virtuoso, lo va
adquiriendo a base de su esfuerzo y de tropiezos. Ryusuke, por su parte, a
pesar de tener el talento, le ha costado abrirse paso en la música debido a su
actitud. La escena musical que nos presenta Beck,
esa escena alejada de los grandes escenarios, que encuentra cabida en bares y
conciertos pequeños, está bastante apegada a la realidad. Las estrellas de rock
no surgen de la noche a la mañana, son el resultado de tropiezos y de un
talento que se pule con el tiempo. Ahí la esencia de Beck.
Además, este
anime está influenciado por el rock occidental, es por eso que podemos ver
referencias o influencias de bandas como Nirvana,
Sex Pistols, Black Sabbath, The Beatles, etc. El mismo autor del anime,
Harold Sakuishi, se ha declarado fan de los Red
Hot Chili Peppers y ha tomado a esta banda como influencia para crear a Beck. Es así que la serie se convierte
en un abanico de referencias a la cultura pop, no sólo por la música, sino
también por la creación y diseño de sus personajes y la interacción entre
ellos. Con una atmósfera sobria, un tanto grunge,
este anime destaca mucho por su animación.
Musicalmente Beck es una joya; este es un anime que
los amantes del rock no deberían dejar de ver, pues el soundtrack y las secuencias musicales son maravillosas.
2. Detroit Metal City
Ahora pasemos
a un anime que además de ser musical es sumamente divertido. Detroit Metal City los hará doblarse de
risa, de eso no tengan duda. Este cuenta la historia de Soichi Negishi, un
joven tímido y sumamente amable que sueña con ser una estrella pop, pero por
diversas circunstancias de la vida termina convirtiéndose en una estrella, sí,
pero del death metal. Es así que su alter ego, Johannes Krauser II,
líder de la banda Detroit Metal City
goza de gran popularidad entre los fans del metal, los cuales han creado
leyendas e historias alrededor de su persona (como que mató a sus padres o que
es un demonio del infierno). Mientras tanto, Soichi trata de mantener oculta su
identidad heavymetalera de sus padres
y de Yuri, la mujer de la que está enamorado.
Esta
situación, este debate entre el mundo del death
metal y el mundo del pop romanticón, hacen que Soichi pase por situaciones
hilarantes. Él desprecia profundamente todo lo que el death metal representa, pero curiosamente es buenísimo haciendo su
trabajo. Yuri por su parte, escribe en una revista de música pop y odia el
metal, lo cual hará que sea aún más difícil ganarse su amor.
Detroit Metal City está llena de humor
negro, con situaciones grotescas pero divertidas. La dualidad del personaje
principal, este ir y venir entre Soichi y Johannes Krauser, hace que la
historia se mantenga interesante hasta el final. Los personajes son
graciosísimos y todos en algún momento nos sacarán alguna carcajada. Además,
nunca me había tocado ver un anime donde se dijeran tantas groserías, como lo
dije, está llena de humor negro, pesado, pero efectivo. La serie es en sí una
parodia del mundo del metal.
Al igual que Beck, Detroit Metal City tiene referencias a la cultura pop occidental,
la música metal claramente está inspirada en bandas metaleras que conocemos,
además de que el diseño de los personajes de DMC nos recuerda a los integrantes
de Kiss.
Estos dos
animes musicales son muestras claras de que en Japón conocen la cultura
occidental, tanto que pueden apropiarse de ella y crear historias que son
efectivas para ambos. En Japón saben hacer música, y lo hacen muy bien.
domingo, 20 de octubre de 2013
EN JAPÓN LAS COSAS NO SE PIERDEN ( 忘れ物 )
Le dedico este post a
quien me recomendó esta película.
¿Tú qué harías si te pasara lo de los libros en la
biblioteca? Ha de ser algo increíble, ¿no crees? No se puede renegar de una
coincidencia así de grande. No es que sea una romántica, es que habría que ser
tonta para no darse cuenta que ahí está el amor. En dónde más podría estarlo:
si te encuentras a una persona en el mismo lugar en el que a ti te gusta pasar
el tiempo cuando estás a solas, esa persona forma parte de tu mundo interior y
siempre te va a acompañar.
Por eso a Shizuku se le va el aire cuando se da cuenta de lo
que está pasando (confieso que a mí también se me fue, varias veces durante la
película dejé de respirar): ha encontrado a alguien a quien le gusta estar en el
mismo lugar en el que ella se retira a tomar refugio de la vida. No veo qué
otra cosa puede querer decir que en las tarjetas de los libros que ella pide en
préstamo de la biblioteca siempre aparezca, por encima del suyo, el nombre de
alguien más; una misma persona que ya pasó por ahí, que los leyó antes que
ella, que además está cerca... ¿quién será Seiji Amasawa?
¿No lo crees así? Apenas comienza la historia de Whisper
of the Heart ( 耳をすませば mimi wo sumaseba,
literal: si escuchas atentamente ) y el corazón late. Ésta es una
historia de amor. No cabe duda.
Miyazaki es un genio. No dirige la
película, pero escribe el guión. Y desde ahí, como guionista, se decanta por la
metaficción. Permíteme aclarar algo, en este caso la palabra metaficción no apunta
hacia ese horrible academicismo del discurso autorreferencial, de la ficción
que habla de ficción. No, Miyazaki sabe ocultarse; es tan sutil que casi pasa
desapercibido. Ésta es una historia de amor contada desde el amor.
Todo. Todo depende de cómo se cuenta lo
que se cuenta. El valor personal de cada ser humano se corresponde con la clase
de historias que es capaz de contar. Estamos obligados a ser buenos narradores
porque quién sino nosotros mismos ha de contar la historia de nuestra propia
vida; estamos obligados porque queremos morir sabiendo que tuvimos una existencia
digna de ser.
Mimi wo sumaseba
es sobre el destino. Siendo más precisa, sobre quienes están destinados al
amor. Para ellos cada detalle es importante, las circunstancias son un tejido
de relaciones absolutas. Nada es casual, todo es el universo en donde ocurren
(por eso el papá de Shizuku dice que prefiere las tarjetas en los libros sobre
los archivos digitales).
Quien es capaz de narrar el destino es quien más cerca está de conjugar el presente y la voluntad. De hacer magia. El destino es aquello que está escrito en el transcurrir del tiempo. Los caminos se bifurcan y se dividen. Tú lo sabes, a cada paso que das en el jardín del destino, debes elegir; y cada elección determina futuros caminos. Sin embargo, al final de una vida de caminar, puedes mirar atrás y ver un solo sendero detrás de ti. Quienes son capaces de narrar el destino no son capaces de ver qué sucede hacia delante, pero conocen bien el presente. Lo inmediato les pertenece. El tiempo está en sincronía con la acción. Así es como el mundo parece casualidad: lo que se entiende de la vida y del amor hace eco en todas partes.[1]
No hay otro modo. Hay que convertirse en lo que se desea,
hay que conjugar el presente con la voluntad. En otras palabras, tenemos que
estar a la altura del ideal que tenemos de nosotros mismos. Igual que Shizuku y
Seiji. Igual que Miyazaki.
La teorización de un universo, el sueño representado, la
historia dentro de la historia: nunca antes me había parecido tan claro que hay
que amar para hacer arte... Y que la guerra, la guerra interrumpe el curso
natural de las cosas.
Country Road, cambio y fuera.
P.D. No la había querido ver porque tenía miedo de llorar (y
sí)… pero ya que la vi me siento muy contenta. Mis lágrimas cambiaron de signo:
la tristeza se convirtió en dicha en cuanto brotaron de mis ojos.
[1] Creo entender
que esto mismo es lo que le sucede a Kundera en La insoportable levedad del ser: “La casualidad, y sólo la casualidad, tiene un
mensaje para nosotros. Todo lo que ocurre por necesidad, todo lo que es
predecible, que se repite día con día, está mudo. Solamente la casualidad puede
hablarnos. Somos capaces de leer su mensaje tanto como los gitanos leen los
granos del café en el asiento de la taza. (…) La necesidad no conoce fórmulas
mágicas, todas ellas se dejan a la casualidad. Si un amor ha ser inolvidable,
la casualidad debe de volar a él como las aves a los brazos de San Francisco de
Asís.”
Publicado por
Maria
en
22:09
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lunes, 14 de octubre de 2013
Episodio Uno
Ahora que inicia la temporada de otoño y tuve oportunidad de ver algunos Episodios Uno, me sorprendí pensando en lo importantes que son. Se hayan o no generado expectativas mediante la publicidad previa, lo cierto es que el Episodio Uno es el primer contacto real que una nueva historia tiene con la audiencia. En él conocemos a los personajes principales, escuchamos sus voces, los vemos andar e interactuar. Se crean esperanzas.
No puedo decir mucho de lo que esta temporada nos depara, así que decidí escribir acerca del Episodio Uno que recuerdo con más gusto: Hyôka (Kyoto Animation, 2012). Primer día en la preparatoria, en un pequeño pueblo rural. Hôtarô Oreki y Satoshi Fukube discuten el lema del primero: Si no debo hacerlo, no lo haré; si debo hacerlo, que sea rápido. No es, de ninguna manera, que Oreki se crea por encima de las cosas como para prestarles alguna atención, es sólo que así es él, explica, prefiere llevar una vida en la que no tenga que resaltar. Sin embargo, impelido por su hermana mayor, ha debido inscribirse al Club de Clásicos y así prevenir su desaparición.
Sin otro remedio, Oreki se encamina a conocer el salón asignado al club. Espera que esté vacío, pues él es el único miembro inscrito. Sin embargo, al abrir la puerta, se encuentra con que dentro está una chica asomada a la ventana. Pronto, ambos se miran en un silencio que, de algún modo, resulta acogedor.
Y entonces, opening:
Apenas han transcurrido menos de cinco minutos de un episodio que dura cerca de veintiocho. Tiempo más que suficiente para notar lo cuidada que es la animación, lo detallado de los colores, la claridad del sonido que hacen las voces y las cosas, la belleza de la música incidental. Aún no sabemos de qué va a tratarse pero eso será resuelto en la primera mitad.
La chica se llama Chitanda Eru y desea inscribirse al club. Habiendo un inesperado miembro, Oreki decide que su presencia ya no es necesaria y se despide, recordándole que debe cerrar la puerta antes de irse. Entonces cae en la cuenta que él tiene la llave y que, cuando entró al salón, tuvo que abrir la cerradura. ¿Cómo es que ella ya estaba dentro? Los ojos de Chitanda brillan de curiosidad y, de alguna manera, envuelven a Hôtarô. Es menester resolver ese misterio.
Así descubrimos que estamos ante una historia de detectives. Una gran parte del encanto de los cuentos detectivescos está en el razonamiento que lleva a develar los misterios. En Hyôka, el proceso de pensamiento de Oreki se muestra gráficamente y en cada capítulo, con cada nuevo enigma, es diferente. El trabajo creativo que hay detrás de ello es magnífico.
Siempre me han gustado las novelas de detectives y Hyôka les rinde un cumplido homenaje. Oreki es un perezoso Sherlock Holmes al que, a diferencia de éste, la curiosidad que lo motiva no es propia sino de Chitanda y se manifiesta en el brillo de sus ojos. La animación también transmite efectivamente la sensación de ser envuelto por ella, empujado por su mirada. Una forma de amor incipiente, inconsciente.
Hyôka, dirigida por Yasuhiro Takemoto (K-ON!, Suzumiya Haruhi no Yuutsu), se transmitió entre abril y septiembre de 2012. Contó con 22 episodios (y uno extra). Las composiciones musicales que la ambientan corrieron a cargo de Kouhei Tanaka, Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven.
Extra: Esta temporada empecé a ver Kyôkai no Kanata, Coppelion, Golden Time y Arpeggio of Blue Steel. Tengo buenas expectativas.
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