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lunes, 24 de febrero de 2014

La Rebelión de Homura y el Fin del Mundo

Creo que Puella Magi Madoka Magica tiene todo el potencial para volverse un clásico de la historia del anime y que Hangyaku no Monogatari —Historia de la Rebelión (2013)—, es la End of Evangelion de esta generación. Esta es mi opinión y, en los siguientes párrafos, ofreceré algunos argumentos en su favor con los que se puede, o no, estar de acuerdo.

Las historias del fin del mundo tienen un atractivo natural, porque nos llevan a la orilla del tiempo y el espacio, a la presencia de Dios. En ese sentido, The End of Evangelion (1997) representó el punto culminante de una generación en crisis: todos los personajes aparecen como soledades que se rozan, que parece que se acompañan, pero que, en realidad, permanecen aisladas y temerosas, centradas en sí mismas y sin apenas voluntad para relacionarse con el otro. Shinji es el mejor ejemplo. Su orfandad es trágica, pero lo es más el hecho de que no hace nada por salir de ella, es incapaz de ver las manos que se le tienden, receloso. Su amor es destructivo. En The End, sin embargo, puesto ante la disyuntiva de fundirse en los demás, de borrarse y entrar en la comunión más perfecta con los otros, elige el dolor que acompaña la libertad.


Los noventas fueron años de inquietud. En Japón, el milagro económico de las décadas pasadas estaba amainando y la incertidumbre se volvió la moneda de cambio. Aquí, la crisis minó la confianza de todos en el futuro. Cabe imaginar que muchas personas escogieron replegarse en sí mismas, del mismo modo en que uno se encoge para cubrirse de la tormenta. Quizá Evangelion intentó representar, entre otras cosas, la lucha contra el miedo a la libertad que significaba la caída de esas estructuras, mediante el fracaso reflexivo, obsesivo, en solitario.

La generación de Madoka es un tanto diferente. Parece más esperanzadora que aquella, aunque se enfrenta a las mismas cosas. Si ya vieron la serie —y espero que así sea—, recordarán que la heroína, Madoka, asume por sí misma una solución al problema universal de la causa y el efecto, evitando que las guerreras mágicas tornaran en maldiciones sus deseos, estableciendo un orden acorde con sus convicciones. Eso implicó, desde luego, su salida del ciclo kármico, su existencia (por decirlo de alguna manera), fuera del tiempo y el espacio, simultáneamente consciente e inconsciente de lo que fue, es, será y de lo que pudo ser. Pero para que esto fuera posible, Madoka necesitó apoyarse del esfuerzo de Homura, aprovecharse de su deseo de salvarla. Con ello, un nuevo universo se constituyó. En éste Madoka nunca existió, pero Homura la recuerda.

Para muchos, este final fue satisfactorio. Para otros, se cometió una gran injusticia contra Homura. Después de todo, ella fue quien se sacrificó regresando una y otra vez en el tiempo, sólo para ver morir a su amiga en cada vuelta. Es cierto que al final Madoka se salvó de convertirse en una Bruja, pero el costo fue muy alto y así no era como el deseo de Homura debía ser satisfecho.

Hangyaku no Monogatari explora los sentimientos más profundos de Homura y su lucha por encontrar una solución con la que pueda sentirse satisfecha. Su historia es la del conflicto entre dos bienes que, a veces, se presentan en vertientes contrarias: el deseo y el orden. El deseo, casi por definición, es algo vital que mueve a la acción y al amor. Este amor, que a veces también puede ser destructivo, es distinto al que experimentaba Shinji hace diecisiete años, porque no teme demostrarse ni consumirse en sí mismo. Se sufre, por supuesto, pero parte de un lugar diferente al del aislamiento. Madoka, cuando existía, era una niña afortunada, que no tenía razones para desear que su vida cambiara. Cambió, sin embargo, porque eso sucede en cuanto uno sale del ámbito protector del hogar, para conocer un universo de emociones contradictorias que lo mismo le traerían risas y lágrimas. Así, Madoka se enfrentó a su propio fin del mundo y aceptó dignamente la comunión que Shinji rechazó. Donde uno escogió la individuación, ella optó por volverse parte del Todo por su confianza irrestricta en la vida y la aceptación de sus dos caras. La generación de Madoka, si puede identificarse con esta historia y sus personajes, quizá sea una que prefiere aceptar e integrar la contradicción mucho más que escindirla y aislarla.


Puella Magi Madoka Magica: Hangyaku no Monogatari se estrenó en los cines de Japón el año pasado y se presentó en México como parte del festival Konnichiwa! Se cuenta que estuvo preseleccionada para competir por el Oscar en la categoría de Mejor Película Animada. Como sea, con esta obra, queda mucho más asentado que Gen Urobuchi es uno de los mejores creadores que hay en la industria del anime en los últimos años. Vale la pena seguirle la pista.

lunes, 3 de febrero de 2014

Fullmetal Alchemist: Brotherhood

El principio de la alquimia es el intercambio equivalente. Transmutar un objeto en otra cosa sólo es posible si se respetan los principios básicos de comprender, descomponer y reorganizar. Casi todo es posible mediante la alquimia. La materia no se crea, ni se destruye: se transforma. No obstante, también hay límites y dos hermanos los cruzan de la peor manera posible: intentar resucitar a su madre muerta. El costo es altísimo y el resultado, desastroso. Un intento de transmutación humana se paga con sangre, huesos, tejidos y fracaso porque hay algo que, como no es materia, no puede transmutarse: el alma.

Con este escenario empieza una de las series más populares que hay: Fullmetal Alchemist: Brotherhood. Su éxito está cimentado en numerosas cualidades: una historia muy bien narrada, llena de aventuras, peligros, giros inesperados, personajes entrañables y yo agregaría, en el fondo de todo, sutil, pero muy presente, una reflexión sobre lo que nos hace humanos.

A lo largo de sus más de sesenta episodios, los hermanos Edward y Alphonse Elric viajan en busca de una manera de recuperar lo perdido en aquel intento malogrado. Durante varios años, los hermanos se consagraron al estudio de la alquimia únicamente para realizar ese experimento y, al final, no sólo no lograron su cometido sino que Ed, el mayor, perdió una pierna y un brazo, y de Al sólo quedó su alma, fijada a una armadura vacía. Queda una esperanza: encontrar la mítica Piedra Filosofal.

Su aventura, sin embargo, está inserta en algo más grande. La alquimia, elemento fundamental de esta historia, consiste en una serie de métodos mediante los que se realiza la transmutación de la materia con fines muy diversos. En la sociedad de Fullmetal Alchemist, los alquimistas son muy apreciados por los milagros que son capaces de realizar. Muchos de ellos trabajan para el ejército de Amestris, como Ed, y cumplen con funciones de investigación y otras operaciones.

Amestris es un Estado militarizado, gobernado por la mano firme del Presidente Führer King Bradley. Se trata de una nación reciente que, para mantener sus fronteras, se ve necesitada de echar mano de un fuerte aparato de control. No es un Estado homogéneo, está compuesto de varias pequeñas naciones independientes que luego fueron absorbidas por el gobierno centralizado de Bradley, algunas mediante la violencia.


Es importante tener esto presente, porque el viaje de los Elric estará asociado íntimamente a las historias de los diferentes personajes que conocerán y cada encuentro planteará nuevas interrogantes. En primera instancia, tuvieron que cruzar muchos límites para concretar el experimento de transmutación. ¿Hasta dónde, bajo la excusa del progreso y el orden, es permisible seguir?

En Fullmetal Alchemist: Brotherhood, muchos personajes cruzan límites en función de lo que buscan. Edward, por ejemplo, habiendo fracasado en resucitar a su madre, necesitó fijar el alma de su hermano a una armadura, para no perderlo. Una armadura no se cansa, no necesita comer, no necesita dormir. Tampoco puede sentir la brisa, el calor, el frío. ¿Puede Alphonse considerarse humano en ese estado? 

También es posible hacer quimeras: mezclar animales con personas. Las quimeras tienen voluntad, capacidad de lenguaje y sentimientos. ¿Todavía son humanas? Montaigne –el filósofo que decía no serlo–, no estaría de acuerdo, al menos en términos de grado, porque él pensaba que son más cercanos el más vulgar de los hombres y el más fino de los animales, que ambos con el humano más digno.

Se dice que nuestras emociones –complejas como son–, también sirven para definir lo humano. Sólo nosotros (me incluyo), podemos sentir orgullo, ira, avaricia, pereza, envidia, gula y lujuria. Sólo nosotros podemos convertir nuestras necesidades básicas en arte, vicio o virtud. Es el pecado que nos separa de Dios y de la Verdad; pero en esa escisión también nos confiere nuestra libertad y naturaleza. Tras bambalinas hay un personaje más, uno que no era humano, pero llegó a ser y ahora desea algo más. La alquimia le dio existencia y también le separó de sus emociones, para ponerlas a su servicio. El objetivo es ser Uno, aquel del que todo parte, y al que todo vuelve. Uno que no es humano, pero lo contiene. Quizá el error de desear lo inmortal, lo permanente, está en que teniéndolo todo no se tiene nada.

Quienes ya hayan visto esta serie, podrían encontrar cierta resonancia en lo que ahora escribo. Quienes no, sepan que la alquimia no es más que la vida misma, en la que uno recibe lo que da y da lo que recibe; y perpetúa con ello el movimiento de Uno. Totalmente recomendable.


lunes, 13 de enero de 2014

Una buena madre


Los niños-lobo: Ame y Yuki (おおかみこどもの雨と雪 – Ookami kodomo no Ame to Yuki), trata de la vida de Hana, una mujer que, cuando era estudiante universitaria, conoció y se enamoró de un hombre que luego le confesaría que era un hombre-lobo. Sin que a ella le importara mucho, pues tanto lo amaba, se casaron y tuvieron dos hijos: una niña llamada Yuki, porque nació un día nevado, y un niño que nombraron Ame, porque nació un día lluvioso. Juntos, trataron de llevar una vida normal, en un pequeño departamento de la ciudad, prometiéndose que criarían a los niños para que, al crecer, pudieran decidir por sí mismos lo que quisieran hacer de sus vidas. Sin embargo, la muerte inesperada del hombre-lobo obligó a Hana a buscar un hogar lejano, donde cumplir esa promesa.

Sin necesidad de pensarlo mucho, ya podremos imaginarnos cuáles son las dificultades que Hana enfrenta durante los poco más de diez años que abarca la historia. ¿Qué hacer si los niños enferman? ¿Podrán ir a la escuela, tener amigos? ¿Cómo solventar los gastos, si no puede dejarlos al cuidado de nadie más? Con amor, creatividad y un poco de angustia, Hana va encontrando, una a una, las respuestas a sus interrogantes al tiempo que los pequeños Yuki y Ame van creciendo y descubriendo quiénes son.

El valor de esta historia está en la representación del amor maternal. Hana es la madre que cualquiera querría tener: amorosa, sensible, receptiva, paciente, prudente, firme, leal. Su presencia en la película, sin embargo, puede parecer sutil ante la explosiva vitalidad de los niños-lobo, especialmente Yuki, que un segundo están corriendo sobre dos pies y luego en cuatro patas, aullando y destruyendo cosas a su paso. Hana no es la madre heroica, que tiene que sacrificar su vida para afrontar la adversidad cotidiana de ser una madre viuda, oculta en las montañas con un secreto peligroso. Mejor, Hana es todo eso, pero lo más importante es otra cosa: es buena madre. Una que, sin darse cuenta, porque su amor es natural, deja en sus hijos una semilla benigna y saludable, que los acompañará en el futuro, que les guiará para saber cuándo y en quién pueden confiar y, sobre todo, cómo amar.

La historia de una madre es, también, la de sus hijos. Yuki y Ame, son, en esencia, tan parecidos como sus nombres (significan nieve y lluvia, respectivamente), pero diferentes en su naturaleza individual y en las experiencias que les sirven para reconocer el mundo al que pertenecen. Recuerdan poco de la vida en la ciudad, de su padre no tienen más que una fotografía; pero están profundamente conectados con su nuevo hogar en las montañas, al que se acoplan como si de su hábitat natural se tratara. Lo que son y lo que llegan a ser, son unas de las cosas más bellas que componen esta historia.

Ver esta película es asomarse a la vida cotidiana de esta singular familia, reír con sus ocurrencias, conmoverse con su cariño y anhelar, quizá con nostalgia, el amor de quien nos crió, quien supo escucharnos en silencio, nos ofreció sus brazos cuando estuvimos asustados o nos preparó una bebida caliente para hacernos sentir que estábamos en casa.

Los niños-lobo: Ame y Yuki se estrenó en junio de 2012 y fue dirigida por Mamoru Hosoda, quien es reconocido por la célebre La chica que saltaba en el tiempo ( 時をかける少女 – Toki wo kakeru shoujo).

lunes, 16 de diciembre de 2013

El Poder más Grande del Mundo

Nen es un concepto clave en el universo de Hunter x Hunter. Es energía vital que mana de cada ser viviente. Todo mundo lo tiene, pero sólo algunos serán capaces de desarrollarlo. Se ve como un aura que rodea al cuerpo, fluyendo grácilmente, en tranquildad; o bien, emitiéndose con fuerza hacia el exterior, cubriéndolo todo. Llenándolo de la intención de quien lo emite. Como ya dije en otra ocasión, es una idea muy semejante al ki de Dragon Ball y al cosmos de Saint Seiya. Sin embargo, lo que lo hace diferente a aquellos es su complejidad.


Sabemos de la existencia de Nen a partir de la etapa en Heavens Arena. Ahí, Gon y Killua buscaron enfrentar oponentes cada vez más fuertes que sirvieran a ellos mismos como entrenamiento. Wing, su primer maestro, explicó a los muchachos los Principios Fundamentales y llevó a cabo la iniciación. Los cuatro Principios son: Ten (Envolver), Zetsu (Suprimir), Ren (Aumentar) y Hatsu (Liberar). Todos, de alguna manera, tienen que ver con el control de la propia aura, el manejo intencional de ésta.


En la etapa de Greed Island, Gon y Killua siguieron un entrenamiento especial con Biscuit Krueger, quien les enseñó hasta qué punto era posible controlar los cuatro Principios, así como la necesidad de diseñar sus habilidades con base en su tipo de Nen. Esta es una de las complejidades a las que me refería. El tipo de Nen que cada uno puede desarrollar está relacionado cercanamente con su personalidad individual. Es difícil decir qué viene primero. Los tipos son: Potenciador, Transmutador, Conjurador, Emisor, Manipulador y Especialista, y se describen a la manera de los eneagramas. El Potenciador, por ejemplo, es simple y directo; en tanto que el Transmutador es voluble, impredecible. Gon y Killua pertenecen, respectivamente, a esas categorías.

La serie, actualmente, está llegando al clímax de la etapa de las Hormigas Quimera. No quiero estropear (mucho) la sorpresa a quien tiene intenciones de entrarle a esta serie, pero, en este momento, el dominio de la propia habilidad es fundamental ya no sólo para triunfar en una batalla, sino incluso para sobrevivir a una derrota. El inmenso poder de las Hormigas Quimera lleva al límite a los más experimentados: es capaz de quebrar sus fuerzas, físicas y emocionales. Y he aquí la importancia que tiene una forma muy distinta de manifestación de Nen: la espiritual.

Para hablar de ella, sin embargo, hay que prestar alguna atención al Rey de las Hormigas. Él es el principal antagonista de esta etapa y su poder sobrepasa al de todos sus súbditos. Se sabe superior a todos y sólo queda demostrarlo mediante la exhibición de su fuerza e inteligencia. Según su lógica, el gobierno corresponde a aquel que esté por encima de los demás; de tal manera que todos los líderes del mundo no hacen sino usurpar su lugar. Piensa en hacerles la guerra así que, mientras los preparativos se realizan, decide aprender el arte de combatir en los juegos de mesa. Ajedrez, Go, Shôgi; ninguno esconde sus secretos mucho tiempo. Una vez que ha vencido, El Rey ejecuta a los campeones, que de nada más le sirven.

Quedándole un solo juego que dominar, el Rey conoce a la inverosímil campeona de Gungi: Komugi. Una niña desaliñada, ciega, fea, con la nariz siempre sucia. No puede hablar correctamente y hasta olvida respirar por sí misma si se concentra en seguir la orden de guardar silencio. Una criatura sin dignidad, según diría el Rey. Lo único que Komugi sabe hacer es jugar al Gungi. Como hija de una familia numerosa y pobre, su vida sólo tiene sentido en el juego. De otra manera, según ella misma dice, sólo sería una carga para los demás. Un peso muerto.

Sin embargo, nunca ha sido derrotada. Se dice que, cuando es vencido, un Maestro de Gungi se convierte en una persona ordinaria; y ella sabe muy bien que cuando eso le ocurra, ya nada podrá justificar su existencia. Por eso tiene tomada una decisión: en el momento en que pierda un juego, se quitará la vida. Quizá es por ese compromiso que su Nen parece despertar conforme continúa jugando con el Rey; que no importa cuánto mejore él, nunca podrá ganar.

Si buscan a qué tipo de Nen corresponde el de Komugi, la encontrarán como Especialista. Es la categoría que conjunta a las habilidades raras, que no caben en ninguna otra. Los Especialistas suelen ser individualistas y carismáticos; nacidos o criados en condiciones difíciles, de profundo abandono. Son como flores que crecen en el desierto. Es su devoción a una sola cosa, a una única causa, lo que los hace especiales.


Creo, sin embargo, que Komugi es más que eso. Hay una escena en que el Rey, tratando de romper el ritmo de su oponente, le ofrece hacer una apuesta: si ella gana, él le concederá cualquier cosa que desee, pero si pierde, ella le ofrecerá un brazo. Ahí es donde conocemos hasta dónde Komugi está resuelta a jugarse la vida en el Gungi, pero hay algo aún más sorprendente: el Rey, enfadado por descubrir su propia falta de resolución —así como lo vulgar de su estrategia— se arranca el brazo a sí mismo, a modo de disculpa. Komugi se niega a seguir jugando si él no permite que lo curen de manera que el Rey, contrario a su intención, permite que se le intervenga.

Creo que esta escena es importante porque, a partir de aquí, todo lo que sucede a continuación no hace sino demostrar la enorme influencia que ella tiene, sin buscarlo ni saberlo, sobre el Rey y su séquito. Me atrevería a asegurar que el Rey está descubriendo en ella un poder diferente. Lo cito: 

Después de conocer a Komugi, aprendí que la fuerza se manifiesta de diferentes maneras. Por ejemplo, durante nuestro viaje hasta aquí, maté a un niño. Quizá ese niño tenía el potencial para superarme en algún campo específico, pero yo extinguí ese potencial. Lo destruí sin tener ninguna razón para hacerlo. ¡Porque yo soy el Rey! ¡Tomé una vida sin razón alguna! ¡Qué gran poder debo poseer! ¡Aparezco sin previo aviso y destruyo vidas sólo porque su fuerza es inferior a la mía! ¡Aplastar! ¡Destruir! ¡Ése es mi poder! ¡Esa fuerza es el poder más grande de este mundo!

Pero el discurso del Rey carece de lógica. Por un lado, reconoce que hay poderes diferentes y, por el otro, se afirma como una fuerza que, cuando no puede superar a otro de cierta manera, necesita destruirlo. Días antes, esto pudo tener sentido para él, pero ya no más. El Nen de Komugi, su fuerza vital, es más que mejorar en el Gungi; es una forma de amor, una manera de comprender la vida y la muerte que lo intriga, que está más allá del deseo y el miedo. Porque sí, hay diferentes formas en que la fuerza se manifiesta, pero para poder apreciarlas, hace falta la sensibilidad de un artista. Y he ahí la última evolución de una especie corrupta de origen, como las Hormigas Quimera: la humanización.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Free!

Si me leen con frecuencia seguramente se han dado cuenta que mi estudio favorito, en este momento, es Kyoto Animation. Mis razones son bastante sencillas: sus historias me divierten e interesan. Podría dar otras, quizá más objetivas: sus trabajos, por ejemplo, se caracterizan por técnicas de animación de muy alto nivel, por el cuidado que ponen a la música incidental, openings y endings, fan service, etcétera. Lo más importante para mí, sin embargo, son las historias. Por muy cuidado que sea todo lo demás, si la historia no es atractiva, prefiero no dedicarle tiempo. No tiene que ser una historia profunda, con personajes complejos y reveses sorprendentes (que también disfruto mucho); a veces sólo deseo saber qué más va a pasar, corroborar, quizá, que va a haber un final feliz.

Ese es el caso de Free!


Lo primero que vi de esta serie fueron unos gifs que anduvieron circulando por Tumblr. En ellos se apreciaban varios personajes masculinos, el lance de uno de ellos hacia la piscina; nada muy claro. Luego vino el anuncio oficial: Kyoto Animation produciría la historia de un club de natación.

En otra ocasión señalé la tendencia constante de este estudio a valerse de los clubes de actividades extraescolares para construir su argumento. Ahí están, para demostrarlo: K-ON!, Hyôka, incluso Kyôkai no Kanata (de esta temporada). Son situaciones ideales. Un grupo de personajes, unidos por un fin común, viven una serie de cosas que fortalecen su amistad: aprender a tocar una guitarra, resolver misterios, mantener el orden universal; no importa.

Para los personajes de Free! es igual: mediante la práctica de la natación, que tan buenos recuerdos les ha creado, se acompañan en la vida. No obstante, aquí hay un elemento relevante: uno de ellos se ha separado del grupo. Persigue un sueño que no le es propio, al que se siente, sin embargo, atado. Es un excelente atleta, pero los fracasos, cuando los hay, pesan en su corazón como una piedra. Un propósito ajeno siempre es un peso muerto y en su terquedad, se vuelve incapaz de descubrirlo. Resiente a sus amigos, en particular a uno, que juzga talentoso, porque siente que no será comprendido, que ninguno de ellos podrá conocer cómo es, verdaderamente, su dolor.

Y, sin embargo, ahí están ellos, buscando cómo hacerse un lugar para ser libres, para ser quienes son, felices dentro de las aguas transparentes de su pequeña piscina. Acompañándose, que para eso es la amistad y esperando, también, el regreso de aquel con quien alguna vez probaron la delicia de la victoria compartida.



Free! es el primer trabajo de dirección de Hiroko Utsumi, quien ha desempeñado varias funciones para otros proyectos del estudio; y se transmitió entre julio y septiembre de este año. El inesperado éxito de este anime ha dado frutos: todo parece indicar que el próximo año habrá una segunda temporada.


lunes, 14 de octubre de 2013

Episodio Uno

Ahora que inicia la temporada de otoño y tuve oportunidad de ver algunos Episodios Uno, me sorprendí pensando en lo importantes que son. Se hayan o no generado expectativas mediante la publicidad previa, lo cierto es que el Episodio Uno es el primer contacto real que una nueva historia tiene con la audiencia. En él conocemos a los personajes principales, escuchamos sus voces, los vemos andar e interactuar. Se crean esperanzas.

No puedo decir mucho de lo que esta temporada nos depara, así que decidí escribir acerca del Episodio Uno que recuerdo con más gusto: Hyôka (Kyoto Animation, 2012). Primer día en la preparatoria, en un pequeño pueblo rural. Hôtarô Oreki y Satoshi Fukube discuten el lema del primero: Si no debo hacerlo, no lo haré; si debo hacerlo, que sea rápido. No es, de ninguna manera, que Oreki se crea por encima de las cosas como para prestarles alguna atención, es sólo que así es él, explica, prefiere llevar una vida en la que no tenga que resaltar. Sin embargo, impelido por su hermana mayor, ha debido inscribirse al Club de Clásicos y así prevenir su desaparición.

Sin otro remedio, Oreki se encamina a conocer el salón asignado al club. Espera que esté vacío, pues él es el único miembro inscrito. Sin embargo, al abrir la puerta, se encuentra con que dentro está una chica asomada a la ventana. Pronto, ambos se miran en un silencio que, de algún modo, resulta acogedor.


Y entonces, opening:



Apenas han transcurrido menos de cinco minutos de un episodio que dura cerca de veintiocho. Tiempo más que suficiente para notar lo cuidada que es la animación, lo detallado de los colores, la claridad del sonido que hacen las voces y las cosas, la belleza de la música incidental. Aún no sabemos de qué va a tratarse pero eso será resuelto en la primera mitad.

La chica se llama Chitanda Eru y desea inscribirse al club. Habiendo un inesperado miembro, Oreki decide que su presencia ya no es necesaria y se despide, recordándole que debe cerrar la puerta antes de irse. Entonces cae en la cuenta que él tiene la llave y que, cuando entró al salón, tuvo que abrir la cerradura. ¿Cómo es que ella ya estaba dentro? Los ojos de Chitanda brillan de curiosidad y, de alguna manera, envuelven a Hôtarô. Es menester resolver ese misterio.


Así descubrimos que estamos ante una historia de detectives. Una gran parte del encanto de los cuentos detectivescos está en el razonamiento que lleva a develar los misterios. En Hyôka, el proceso de pensamiento de Oreki se muestra gráficamente y en cada capítulo, con cada nuevo enigma, es diferente. El trabajo creativo que hay detrás de ello es magnífico.

Siempre me han gustado las novelas de detectives y Hyôka les rinde un cumplido homenaje. Oreki es un perezoso Sherlock Holmes al que, a diferencia de éste, la curiosidad que lo motiva no es propia sino de Chitanda y se manifiesta en el brillo de sus ojos. La animación también transmite efectivamente la sensación de ser envuelto por ella, empujado por su mirada. Una forma de amor incipiente, inconsciente.

Hyôka, dirigida por Yasuhiro Takemoto (K-ON!, Suzumiya Haruhi no Yuutsu), se transmitió entre abril y septiembre de 2012. Contó con 22 episodios (y uno extra). Las composiciones musicales que la ambientan corrieron a cargo de Kouhei Tanaka, Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven.


Extra: Esta temporada empecé a ver Kyôkai no Kanata, Coppelion, Golden Time y Arpeggio of Blue Steel. Tengo buenas expectativas.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Byousoku 5 Centimeter

Como dos trenes que se cruzan en un punto para no volver a encontrarse, así es la historia de Takaki y Akari.

Coincidieron como estudiantes transferidos, extraños en una escuela cuya vida ya fluía. Era natural que se hicieran amigos y también lo fue que se separaran: debido a su trabajo, cosa de adultos que nada tiene que ver con el amor, los padres de Akari la llevaron lejos cuando su cariño apenas florecía.

Se escribieron largas cartas durante los siguientes meses hasta que, un año después de haberse separado, también Takaki se iría lejos de Tokio, en sentido opuesto a ella. Decidieron verse por última vez. Akari lo esperaría en la estación más cercana a su casa y él haría un viaje que, estimaba, le llevaría unas cinco horas que terminaron siendo ocho.

En la profundidad de la noche caminaron hasta el cerezo invernal del que ella le había hablado en sus cartas. Ambos sabían que quizá esa sería su única oportunidad de estar juntos. Al día siguiente volverían a sus vidas, separados para siempre pero unidos en lo profundo de su corazón; un amor que, como las flores del cerezo, sería breve pero bello y luminoso.



La historia no termina ahí, pero no quiero arruinársela a quien quiera verla por primera vez. Es la segunda ocasión que, en una entrada para este blog, digo más o menos lo mismo después de hacer un pequeño relato; antes lo hice con Kotonoha no Niwa (2013). Ésta tiene algo en común con aquella: ambas son obra de Makoto Shinkai.

Esa fue la razón por la que vi ésta en primer lugar. Después de la impresión que me dejó Kotonoha no Niwa, quise saber qué otras cosas había hecho Shinkai y Byousoku 5 Centimeter (2007) era la más mencionada. Aunque puede verse como una sola película, en realidad son tres episodios breves que cuentan la historia de este amor solitario con suavidad y belleza.

Como en aquella, Shinkai hace aquí una reflexión sobre el amor que no puede ser, pero esta vez en la distancia. Las imágenes que emplea son poderosas, llenas de significado. Un beso bajo el cerezo. Dos enamorados contemplando el Universo, dos trenes que se cruzan, pero van en sentido opuesto. Byousoku 5 Centimeter es una metáfora de lo efímero y lo eterno con la que, quizá, podemos reconocer que nuestra historia es la de los relatos que nos integran en diferentes momentos.


lunes, 2 de septiembre de 2013

La dolorosa misión de las Guerreras Mágicas

Céfiro es un mundo en el que el deseo de un corazón fuerte se convierte en poder. Se trata de un país hermoso, con exuberante vegetación, animales fantásticos y un clima apacible, donde la gente puede vivir en paz y felicidad. Todo su sistema está sostenido por un Pilar; la persona con el corazón más fuerte, capaz de llevar sobre sí el peso de todo el país. Su entrega permite a todos gozar de sus maravillas.


Sin embargo, una crisis se ha desatado: el Sumo Sacerdote Zagato ha tomado prisionera a la Princesa Esmeralda, actual Pilar de Céfiro, con lo que la estabilidad del país se encuentra seriamente comprometida. Buscando la salvación de su mundo, Esmeralda formula un hechizo para invocar a las Guerreras Mágicas quienes, según la leyenda, son las únicas capaces de despertar de su sueño a los Genios y restaurar el orden.

Así es como Hikaru, Umi y Fuu (o Lucy, Marina y Anais, como se les renombró en Latinoamérica) llegan a Céfiro. Ellas, sin conocerse previamente, coincidieron en una visita que sus respectivas escuelas realizaban a la Torre de Tokio* para terminar envueltas en una guerra que les era totalmente ajena, en un mundo desconocido.



La voluntariosa Hikaru es quien toma la misión con mayor soltura y decisión y, a medida que progresan y conocen a distintos personajes del ámbito de Céfiro, Umi y Fuu van comprometiéndose con la causa.

La tragedia, sin embargo, radica en la naturaleza misma de Céfiro. Si el deseo de un corazón fuerte se convierte en poder, ¿qué pasa con los deseos que, pese a ser inadecuados, no pueden reprimirse? ¿Cómo conciliarlos?

Estas preguntas vienen a cuento por lo siguiente: Zagato y Esmeralda están enamorados. Él decide abjurar de su posición y permanecer con Esmeralda así el mundo se haga pedazos. Para Zagato no hay otra opción, es la única forma en la que puede resolver su conflicto. Ella, como Pilar de Céfiro, no puede consagrarse a su amor pues es su deber entregarse a su mundo por el bien de sus habitantes. Si reparte su lealtad entre su amor por un hombre y el que siente por Céfiro, la catástrofe sobrevendrá.

Esmeralda, con el corazón partido por la mitad, no ve otra opción más que invocar a las Guerreras Mágicas, las únicas que podrían darle muerte. Porque sólo en la muerte hallaría la conciliación de su dilema, sólo el sacrificio podría traerle paz.

Naturalmente, Hikaru, Umi y Fuu no saben sino hasta que es muy tarde, que su misión consiste en llevar la muerte a la Princesa Esmeralda. Sus experiencias durante la guerra contra los secuaces de Zagato solían ir en otro sentido: lograron la amistad de Ascot y Caldina, desenmascararon el hechizo bajo cuyo influjo estaba Lafarga y sólo Alcyone ofreció una resistencia duradera (aunque no muy eficaz). Pese a no comprender las intenciones del Sumo Sacerdote, creían que podían llegar a un entendimiento con él.

Es de destacar que Zagato tomó una postura y se mantuvo en ella, en él no había contradicción. Desde el principio supo que si vencía, Céfiro se encontraría en un grave predicamento y aun eso no alteró su decisión. El Mago Maestro Clef, que lo sabía todo, es otro que pudo conservar esa firmeza. Conociendo la intención con la que fueron convocadas, ayudó a las Guerreras Mágicas a avanzar en su empresa, haciendo frente a Zagato, su querido discípulo, y a Esmeralda, por quien sentía gran compasión.

Hikaru, ansiosa por convertirse en una heroína, adoptó una postura simple en torno a Zagato: él era el gran villano a quien había que vencer a toda costa para rescatar a Esmeralda. Umi, recelosa, tardó mucho más en comprometerse con el conflicto de Céfiro pero, cuando lo hizo, fue porque encontró en su gente algo que merecía ser protegido. Su caso es un progreso notable: de ser egoísta y berrinchuda, descubrió que podía dejar de centrarse en sí misma y ver por otros. Es la primera en despertar a su Genio, Selece. Fuu, de naturaleza más observadora y analítica, se compromete por curiosidad y bajo la premisa de que no habría vuelta a sus vidas a menos que completaran su misión. Su incipiente romance posterior con Ferio y la amistad que desarrolla con Hikaru y Umi le dan razones adicionales para continuar adelante.

Hacia el final de la primera temporada, las tres descubrirán, de la manera más dolorosa, que sus deseos de salvar a Céfiro se volverán contradictorios. Al conocer la verdad detrás de su misión se vuelven incapaces de juzgar a Zagato y Esmeralda y no entienden cómo, en una tierra donde el deseo de un corazón fuerte es poder, ambos deban ser sacrificados y su amor, criminalizado. Pese a sus grandes esfuerzos, no pueden encontrar una solución que haga feliz a todos; tal ideal no existe ni en Céfiro ni en ningún otro lugar.



Magic Knight Rayearth consta de 49 episodios (en dos temporadas) y se transmitió en Japón entre octubre de 1994 y noviembre de 1995. Fue conocida en México a través de TV Azteca (no tengo el dato preciso, pero fue alrededor de 1996 o 1997) bajo el nombre de Las Guerreras Mágicas. La primera temporada (que narré aquí) alcanza hasta el final de Esmeralda como Pilar de Céfiro y la vuelta de las Guerreras a Tokio. La segunda se desenvuelve a partir de la angustia latente en las chicas por el destino de Céfiro y su deseo de regresar para ayudar al establecimiento de un nuevo orden.

*La Torre de Tokio es un sitio recurrente en las historias de CLAMP: es el lugar donde Yue pone a prueba a Sakura (Cardcaptor Sakura) y, también, la última barrera espiritual que debe ser defendida por los Dragones del Cielo (X).

lunes, 12 de agosto de 2013

El Jardín de las Palabras

Después de mucho pensar, escribir líneas y borrarlas decidí que cualquier cosa que yo pueda decir de Kotonoha no Niwa no va a hacerle ninguna justicia. Por supuesto, podemos hablar de los aspectos técnicos de la película: la animación espectacular, el diseño del sonido, la música que acompaña la historia... pero lo que en realidad quiero decir se puede resumir en que se trata de una historia de amor.

Pensemos en lo que entendemos por amor. En lo que escuchamos a otros decir que es amor. En lo que sentimos cuando, mirando la lluvia por la ventana, llegamos a la conclusión de que eso es amor. Pensemos también en la sensación que persiste cuando sabemos que eso que llamábamos amor se ha acabado o fue una mentira. En los sentimientos que quedan ahí aún cuando el otro ya no está a nuestro lado. Porque claro, no podemos hablar de amor sino a través de otro, con respecto a otro.

Así que Kotonoha no Niwa es una historia de amor entre dos. 

Ellos se encuentran una mañana lluviosa en el parque de Shinjuku. Él tiene quince años y sueña con hacer zapatos a mano. Ella pasa de los veinticinco y, por alguna razón, está bebiendo cerveza y comiendo chocolates. Al principio son cortesías y miradas furtivas. Él cree haberla visto antes en otro lugar, pero no consigue recordar dónde. Ella reconoce el uniforme que él lleva y, antes de irse, recita un tanka:

Narukami no sukoshi toyomite
sashi kumori
ame mo furanuka
kimi wo todomemu

[El tenue sonido de un relámpago.
Cielos nublados.
Quizá llueva.
Si es así, ¿permanecerás aquí?]

Él queda un poco perplejo.

Un segundo encuentro, envalentonados por la nueva coincidencia en el mismo lugar, los lleva a intercambiar algunas palabras así como un pacto tácito: él se salta clases todas las mañanas lluviosas y así, ella puede estar segura de encontrarlo.

Así empieza una historia de amor que florece, como el jardín, auspiciada por la lluvia. Pero la temporada pluvial no es eterna y pronto las nubes dejarán su estacionamiento temporal. Pero, ¿es que la lluvia no ama las flores que alimenta? ¿La flor no siente ninguna tristeza por la partida del agua benefactora?

No quiero decir mucho más porque, como dije antes, no estaré haciéndole justicia. Es una historia de amor que, vista con el corazón abierto, va un poco más allá de lo que habitualmente entendemos como tal.



lunes, 15 de julio de 2013

Gen Urobuchi

Everyone is alone. Everyone is empty. 
People no longer have need of others. 
You can always find a spare for any talent. 
Any relationship can be replaced. 
I had gotten bored of a world like that.
Shogo Makishima, Psycho-Pass


Gen Urobuchi es el autor detrás de Puella Magi Madoka Magica, Psycho-Pass y Gargantia on the Verdurous Planet. También, aunque no participó directamente en el anime, escribió las novelas ligeras en las que se basó Fate/Zero, precuela de Fate/Stay Night. Es, junto con Hideaki Anno (Neon Genesis Evangelion), mi autor de anime favorito.

Cuando uno sigue los trabajos de una misma persona con atención, algunos patrones comienzan a emerger. Tras haber terminado de ver Gargantia on the Verdurous Planet, estoy convencido que una de las preocupaciones que rondan la mente de Urobuchi es el dilema de la libertad, la autoridad y la deshumanización. Para hacer su contraste, la forma de autoridad que plantea es aquella que resulta de una supuesta racionalidad pero, como si se resistiera a hacer de esa postura algo humano, colocada en seres extraños e incluso abstractos.

Kyuubey (Puella Magi Madoka Magica), proviene de una sociedad extraterrestre en la que las emociones son consideradas como algo anormal. Para llevar a cabo sus fines, propone los contratos a sabiendas de que las chicas eventualmente se volverán brujas y aun eso no es sino el efecto colateral de un objetivo mayor: la conservación de la energía disponible para el Universo. Puesto así, en una perspectiva cósmica, el sacrificio parece poca cosa.

En su trabajo más reciente, Gargantia on the Verdurous Planet, el protagonista, Ledo, es accidentalmente llevado al planeta Tierra, siglos después de que la Alianza Galáctica la hubiese abandonado. Esta Alianza no es más que una organización militar en constante conflicto con otra forma de vida y todo aquel que no sirva a ese propósito es desechado. Sin posibilidades de regresar con su flota ni de informar sobre su situación, Ledo intenta integrarse a la sociedad que resurgió en el planeta y que, al no estar en estado bélico permanente, tiene distintas formas de juzgar las cosas. Su papel como soldado -y como ser humano, pues es todo lo que conoce-, se ve cuestionado hasta su raíz. De su relación con los habitantes de Gargantia, Ledo descubre que lo que lo hace humano es precisamente la capacidad de razonar y tomar sus propias decisiones.



Para el caso del Sistema Sybill (Psycho-Pass) éste conforma una autoridad que, al estar por encima de los patrones de medición del estado mental y emocional normales, constituye una especie de "oligarquía ilustrada" capaz de analizar y supervisar un sinfín de situaciones diversas de forma supuestamente objetiva. Con ello, pregonan, se garantizaría la felicidad para la gran mayoría de los miembros de la sociedad. Makishima es consciente de que tal sistema, pese a su eficiencia, reduce a las personas a animales obedientes; respetuosos de la ley por temor a ensombrecer su Psycho-Pass pero sin reflexión alguna de por medio y, aquellos que deciden seguir un estilo de vida contrario al dictaminado por el Sistema Sybill, corren el riesgo de ser considerados como una amenaza y eliminados instantáneamente. El Sistema demuestra así su rigidez, pues no es realmente capaz de asimilar las divergencias de la sociedad que gobierna y, por ello, prefiere el aislamiento.

La oligarquía del Sistema Sybill y el régimen militar de la Alianza Galáctica son ejemplos de "dictaduras racionales" que, abogando por la dignidad y la felicidad, sacrifican la libertad del individuo a sus altares, reduciéndolo a la calidad de objeto de uso; aislado, vacío y reemplazable. Para Kyuubey, las guerreras mágicas también eran un recurso de empleo continuo al que trata, a lo sumo, con condescendencia. Con estos actores, Urobuchi parece delinear lo que percibe como el mayor peligro para lo humano y, convenientemente, les da este carácter ajeno; como si se tratara de una negación, como si esas tendencias no fuesen parte de nuestra naturaleza. Pero también tiene esperanza.

En cada una de estas historias, Gen Urobuchi planta a algún personaje que es un ejemplo de todo lo bello que puede tener un ser humano. Para empezar, Madoka, que a través de su deseo rebate el utilitarismo de Kyuubey, durante toda la historia se muestra como una persona confiable y honesta, de gran corazón y disposición al sacrificio por la felicidad de otros; la diosa ideal. Amy y Bebel (Gargantia on the Verdurous Planet), a través de su afecto puro y sin reservas, ponen en entredicho todo cuanto condicionaba la existencia de Ledo y fueron lo bastante amorosos y decididos como para ofrecerle un hogar justo a él, que lo había perdido casi todo.

Pero quizá su mejor ejemplo sea Akane Tsunemori (Psycho-Pass). De todos los que conformaban su unidad en la División de Investigación Criminal, ella es la única que, aun reconociendo la necesidad del Sistema Sybill, le planta cara y desafía abiertamente en su propio terreno. Logra una sinergia entre su libertad y obediencia que queda claramente establecida en la escena en que Kogami le pregunta por qué insiste en obedecer una ley que no sólo no es capaz de juzgar a un criminal como Makishima sino que tampoco puede proteger a la gente.

"La ley no protege a las personas. Las personas protegen la ley. La sociedad siempre ha detestado el mal y ha buscado una forma honrada de vivir. Sus sentimientos... la acumulación de los sentimientos de esas personas es la ley. Son los frágiles e irremplazables sentimientos que todos llevan en sus corazones. Comparados con el poder de la ira o el odio, son algo que se puede romper con facilidad. La gente siempre ha rezado por un mundo mejor. Para que esas oraciones sigan teniendo significado, debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para protegerlas hasta el final".

Akane no es Kogami, Amy no es Ledo y Madoka no es Homura. Con esto quiero decir que ellas, no son sobre quienes recae el gran peso anímico de la serie. El espectador está más atento al duelo entre Kogami y Makishima, al sufrimiento de Homura y a las dudas de Ledo pero, si todo llega a un término esperanzador es debido a estas mujeres, en quienes Gen Urobuchi deposita sus anhelos.

Gen Urobuchi es amor. O eso dice su camiseta.

lunes, 24 de junio de 2013

La Creación según Haruhi Suzumiya

La semana pasada leía a un filósofo discurrir sobre la Creación del Universo, en su sentido religioso. Decía, entre muchas otras cosas, que la interpretación hebraica hacía de este acto una retórica: el Universo fue creado a través de la palabra. Conforme leía, no podía dejar de recordar el episodio final de Puella Magi Madoka Magica, que va justamente de eso: al enunciar en voz alta su deseo —incluso inhala profundo antes de hacerlo—, Madoka hace recrear el Universo tan sólo para que todas las guerreras mágicas que la precedieron y aún las que la sucederían, no tornaran sus deseos en maldiciones. No quedaba claro, eso sí, en qué consistiría exactamente el nuevo orden y sólo queda esperar que la película, próxima a estrenarse en Japón, nos lo muestre.

El filósofo también habló de otra especulación: que Dios pudo haber creado el Universo en un momento de distracción. Estos momentos de descuido son un motivo clásico en muchas mitologías, basta recordar la historia de Aquiles. El mal —dice nuestro autor—, penetró en la Creación por un olvido, por un error de dictado, un acento diacrítico omitido. Como un lapsus de lo inconsciente. ¿Qué implicaciones tiene una Creación en estos términos? ¿Cómo sería la realidad si nuestro Creador fuera así, un ente todopoderoso pero distraído, inconsciente? Dado que son sólo especulaciones, podemos darnos el lujo de ensayar y para eso (para qué, si no) es que existe la ficción.

Si bien Madoka fue capaz de rehacer el Universo formulando su deseo en voz alta, otra chica; la impulsiva Haruhi Suzumiya lo hace —o puede hacerlo, nunca es claro—, sin siquiera saberlo.


La historia de Haruhi (Suzumiya Haruhi no Yuutsu) nos es narrada por Kyon, el chico que se sienta delante de ella en la escuela. El primer día de clases Kyon es testigo de cómo Haruhi, frente a todos, anuncia que sólo desea relacionarse con extraterrestres, viajeros del tiempo, personas que pudieran tener poderes mágicos o cualquier otra cosa en esa línea. No bromea. Kyon se interesa en ella por razones que no le son del todo claras (y ella en él, por supuesto), y su asociación da lugar a la formación de un club sujeto a los erráticos designios de Haruhi: la Brigada SOS, cuyo objetivo es, según ella, erradicar el aburrimiento del mundo.

Tampoco es broma. Si Haruhi desea con tanto ahínco relacionarse con seres extraordinarios, es porque está harta de la gente común; pensar en la futilidad de la vida le hace sentir un profundo hastío. Haruhi se siente impresionada por lo terriblemente ordinaria que es la vida de todos cuantos la rodean y desea que la suya esté llena de emociones y experiencias divertidas; de significado.

Lo que no sabe es que, aparentemente, tiene el poder de hacer y deshacer el mundo a su gusto y placer. También ignora que a su alrededor revolotean personajes extraños que la observan cuidadosamente; para éstos ella es el misterio más grande, el centro donde todo confluye. El potencial de modificar el mundo según sus deseos la convierte en algo cercano (si es que no), a una diosa; en cuyo caso no se puede estar seguro de que existiera algo antes que Haruhi, ni tan siquiera que los recuerdos más inmediatos de uno mismo realmente lo sean. Desde luego, no podría pasar inadvertida.

La Melancolía de Haruhi Suzumiya juega con estos grandes problemas filosóficos de una forma un tanto caótica y particularmente entretenida. No es una serie cómica pero tampoco solemne: abundan en ella los momentos chuscos, situaciones inquietantes de suspenso y aventuras cotidianas. Además, Kyon es un narrador estupendo, que trata con desesperación de mantener la cordura ante la perspectiva de que el Universo mismo deje de existir (o se transforme radical e inadvertidamente), por el berrinche inconsciente de su encantadora compañera de estudios.

Basado en las novelas de Nagaru Tanigawa y dirigido por Tatsuya Ishihara (Clannad, Chuunibyou demo Koi ga Shitai!, K-ON!), el anime consta de dos temporadas que, en realidad, son una misma. La primera se estrenó en 2006, con 14 episodios transmitidos en desorden, y abarcaba La Melancolía, los Suspiros y El Aburrimiento de Haruhi Suzumiya, las primeras tres novelas. La segunda temporada, también de 14 episodios, se estrenó en 2009 (junto con el reestreno, ahora sí en orden cronológico, de la primera temporada) y consiste en eventos no vistos de esas mismas novelas. En 2010, Kyoto Animation estrenó La Desaparición de Haruhi Suzumiya, película basada en la cuarta novela de la saga.


(Hare Hare Yukai, ED de la primera temporada).
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