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domingo, 10 de noviembre de 2013

The Tatami Galaxy (四畳半神話大系, Yojōhan Shinwa Taikei)



El mínimo interés por Japón pronto revelará qué es un tatami. De una u otra forma. Así de importante es.

Una estera de tatami está hecha del material más adecuado para el clima en Japón: paja de arroz tejida y cubierta con juncos. Son tapetes, cubren el piso de las casa japonesas. Pero eso no es todo. El tatami siempre presenta el mismo tamaño y la misma forma, de hecho, proporciona la unidad de la que derivan el resto de medidas y proporciones de la arquitectura japonesa tradicional.

En clase de japonés, los alumnos practican diálogos en los que se viaja a Japón. Así lo estipulan los libros de texto, tal vez porque para hablar japonés hay que conocer Japón. Japón solo existe en Japón, y solo ahí se habla japonés. En dichos diálogos de viajero uno de los objetivos es aprender a preguntar por la renta de habitaciones y, para conocer su tamaño y calcular su costo hay que saber qué es tatami, cuánto mide tatami. El tamaño de una habitación viene dado por el número de tatamis que podría contener. El cuarto del té con frecuencia mide 4,5 tatamis; la habitación que un estudiante puede rentar, también. Incluso las casas modernas suelen tener al menos un cuarto con tatami para llevar a cabo ceremonias, agasajar a los invitados o relajarse.

Hay un anime, The Tatami Galaxy (四畳半神話大系, Yojōhan Shinwa Taikei, literalmente "4½ Tatami Mythological Chronicles")… De alguna forma el título lo dice todo, cuenta de qué trata la historia, pero solo puedes saberlo hasta ver el final de la misma.



La galaxia tatami. La galaxia del cuadrado perfecto. Las crónicas mitológicas en el espacio de 4,5 tatamis.

El tatami por no ser redondo o esférico deja de ser perfecto. Nada de eso. La galaxia del tatami es como un universo budista, y un universo budista nace con cada uno de nosotros y muere con cada uno de nosotros (es decir, el tamaño no importa, podemos ser infinitos y limitados a la vez).

Esta historia trata sobre el destino. Y el destino puede ser perfecto, si eliges bien. Eso sí, el destino perfecto conjuga una serie de acciones que siempre serán la decisión correcta. De no ser así, el éxito se diluye, el fracaso permanece.

¿Cómo se monta un cuadrado, un tatami 4.5? Con maestría. La ordenación narrativa en The Tatami Galaxy y el ritmo de los elementos que conforman la galaxia son uno mismo. Ya verás. 


P.D. Este anime usa una combinación entre el 2D tradicional y elementos 3D, secuencias cinematográficas y escenarios reales. Es algo muy único. No hay nada que se parezca a la animación de The Tatami Galaxy, por algo se llevó el gran premio en la categoría de animación en el Japan Media Arts Festival 2010.

domingo, 9 de junio de 2013

Paprika, el sueño

El cielo azul, es cielo y es azul.
J. L. Borges


Pareciera una regla invariable, que el libro siempre será mejor que la película. Sin embargo, la comparación a veces resulta insensata: se trata de dos formatos completamente diferentes. Mientras que el cine está condicionado por un tiempo limitado en minutos y segundos; la libertad de una lectura individual conlleva el ritmo de vida del lector, e incluso, trasciende los espacios en los que se puede acceder a la obra.

De cualquier manera, hoy quiero hablar de Paprika, la novela (escrita por Yasutaka Tsutsui) y la película animada (dirigida por Satoshi Kon). A grandes rasgos, la obra trata el tema de los sueños; su contenido es un sueño. Como resultado, Paprika -la película- es una ficción muy ambiciosa. Las implicaciones filosóficas de mirar un sueño dificultan la tarea de las imágenes porque se trata de una combinación entre imágenes e información que no siempre es visible. Dentro del sueño hay conceptos que diluyen la visión a causa de su naturaleza abstracta (conceptos que no son sencillos de ver y sí de ser susceptibles de conocimiento o memoria). Las figuras quiméricas, por ejemplo; aquellos personajes dentro de nuestros sueños que si bien guardan la forma y el rostro de un amigo, sabemos que se trata de un profesor de la secundaria. Las imágenes, el paisaje en el sueño, todo es inherente a cierto hermetismo muy peculiar propio de la experiencia del individuo. Mientras que en la narrativa esto se puede explicitar con relativa comodidad, imaginar una reproducción cinematográfica parece bastante problemático.

Acabo de ver una entrevista en la que el autor de Paprika, Yasutaka Tsutsui, expresa lo deseoso que estaba de una adaptación cinematográfica cuando se publicó la novela con tan buena acogida por parte de los lectores. El problema fue que, si bien hubo algunas ofertas, al momento de hacer cuentas y confrontar el presupuesto que se requeriría para una película de esa naturaleza (onírica), el proyecto se venía abajo. En el momento en que las esperanzas de Tsutsui flaqueaban, el destino lo reunió con Satoshi Kon y el proyecto fílmico se trasladó al formato de animación.



Después de haber leído la novela (lamentablemente no en su idioma original) y haber visto la película varias veces (más que cualquier otra en toda mi vida -se trata de mi película favorita en el mundo-) he pensado en por qué la animación como medio, como materia del lenguaje, resulta perfecta en este caso particular en el que se tiene como objetivo mirar dentro de un sueño:

La necesidad de adecuar algunas transformaciones, cierta liquidez en el mundo visual que hubiera requerido de efectos especiales impresionantes, se resuelve de forma efectiva con el trazo que dibuja la mano más que con el que captura la máquina cinematográfica.

En la animación japonesa, si bien los personajes pueden llegar a parecernos simples, habría que atender con cuidado el vasto conocimiento de la anatomía humana y animal que hay detrás de ellos; de los efectos de la gravedad y la luz. En la animación, cada personaje es una abstracción de una gran cantidad de objetos reales. O, inclusive,  irreales. Una de las posibilidades más sorprendentes de este género, a mí parecer, es la capacidad que tiene el medio animado para representar imágenes escurridizas y sensaciones sutiles. En Paprika, Satoshi Kon utiliza los sueños para representar interrogantes profundas acerca de la conciencia humana y lo real. A su vez, echando mano de su talento como director y animador, lleva a cabo una de las particularidades más interesantes del trabajo de animación, de sus posibilidades creativas: en vista de que la animación se construye pieza por pieza, le permite generar -desde cero- la constitución física de los personajes y el mundo en el que existen, desde el color de sus ojos hasta la forma en que su cabello flota al viento.

La animación, además, es un formato que trae consigo un vasto grupo de espectadores. Espectadores ávidos. Entrenados en la forma animada, en sus historias, en el sello japonés. Las películas de animación tipo anime probablemente son el género japonés más influyente entre la audiencia internacional. Y, por su parte, las películas más taquilleras de la cinematografía japonesa de todos los tiempos (Princess Mononoke -Mononoke-hime- y Spirited Away -Sen to Chihiro no kamikakushi-) son películas animadas.

La animación es una fase muy importante del cine japonés.

Y no hay que olvidar que algunos films representan un género en específico. El anime siempre será anime. Cuando nos preguntamos: ¿qué necesita saber un espectador para hacer una interpretación significativa de un film? Hay que considerar las especificaciones culturales como una metodología crítica de gran valor. Porque es el estilo, o la técnica, es decir, aquellos engranajes que el director del film utiliza para orientar o manipular el punto de vista del espectador, los que conforman el dispositivo cultural en el que se articulan estructuras internas y externas al film, algo que nace en Japón, pero que se comprende en todo el mundo.



lunes, 14 de enero de 2013

La terrible utopía, Psycho-Pass

Psycho-Pass (Production I. G, 2012) es una opción interesante. Fuera de los géneros más difundidos y fáciles de ver -comedias, amor, romance, batallas, deportes, escuela, etc.- logra mantener una independencia intacta dentro de lo oscuro, futurista, sangriento y estresante.  


La historia ocurre en un futuro próximo trastornado por el desarrollo tecnológico -comprensiblemente- pero, retorcido a partir de un descubrimiento muy puntual: de alguna manera han conseguido armar escáneres que miden y cuantifican la personalidad y el estado mental de la gente. El llamado Psycho-Pass (por el cual toma su nombre la serie) es instalado en el cuerpo de las personas y funciona como un dispositivo de almacenamiento de información psicológica y biológica. Cuando los estándares de comportamiento de un individuo se ven alterados, aunado a sus intenciones y pensamientos, la información almacenada dentro del Psycho-Pass se coteja con el índice de “Coeficiente de Criminalidad” y, si este resulta ser peligroso, los miembros de la Oficina de Seguridad Publica e Investigación Criminal obtienen permisos ya sea para perseguirle, detenerle e incluso, utilizar fuerza letal. Con esta metodología se pretenden alcanzar niveles altísimos de prevención del crimen… Es curioso, pareciera como si lo hubieran logrado, una sociedad casi utópica, sin embargo, los criminales que logran evadir el sistema, son criminales a prueba del mismo sistema, tipos insanos, de mucho cuidado. La paradoja es muy seductora para el espectador. 

Es complejo hablar de las particularidades y los detalles bajo los que se rige el funcionamiento del Psycho-Pass; hasta el momento, no tengo muy en claro su sistema operativo pero, como sucede con las buenas obras de ciencia ficción, la omisión de algunos datos acerca de la construcción de un entorno futurista es completamente comprensible. No es que sean datos irrelevantes, es que su razón de ser es equivalente a nuestra incomprensión, son cosas que están fuera de nuestro tiempo.

Por otra parte, de lo que si puedo hablar es del armamento que utilizan los personajes de Psycho-pass. Programaciones básicas que dan cuenta de qué tan peligrosos son los monstruos que esas armas deben combatir y, por ende, del tipo de historia ante la que nos encontramos.

El arma por excelencia con la cual cargan los “oficiales de policía” -supervisores y ejecutores- es el “Dominator” (este nombre no es ninguna casualidad). Si el arma es apuntada, automáticamente, su sistema calcula el nivel de criminalidad que el objetivo posee. Solo si dicho nivel es excesivo será posible disparar el arma. Por el contrario, si los niveles no exceden ningún parámetro de riesgo, el arma se bloquea.

 
El Dominator tiene tres modos: The Paralyser, Eliminator, y Lethal Decomposer. El primero, como su nombre lo indica, funciona para capturar sospechosos. Únicamente los paraliza; inclusive pudiera no tener efecto si a quien se le dispara se encuentra bajo el efecto de alguna droga estimulante. El segundo modo, Eliminator, provoca que el cuerpo de las personas explote en pedazos (en su uso recaen las escenas más sangrientas del anime). Y por último,  el tercer modo, Lethal Descomposer, se utiliza para destruir cosas no vivientes, como androides y robots. Cuando un oficial utiliza este modo, la carga produce que la materia se desintegre al contacto. Pues bien, la pregunta que me desvela por las noches es ¿en dónde se encuentra la línea que divide el uso del Paralyser y del Eliminator? Es intrigante porque ahí se encuentra la programación de un sistema moral que decide entre la vida y la muerte. Un sistema que, más allá de jurados humanos, es establecido por una máquina que interpreta el cuerpo de las personas.

El primer capítulo de Psycho-Pass explica de forma muy clara el uso del Dominator, además, señala a la perfección los puntos en los que incurre su fuerza y su debilidad como arma de fuego. Por ejemplo, nos presentan el caso aislado de una mujer victima de secuestro que, a causa del estrés al que ha sido sometida -no por haber cometido algún crimen-, se vuelve un objetivo viable para el Dominator. La tecnología encarnada en esa arma es increíble pero, en vista de que la inestabilidad emocional no es sinónimo de criminalidad, el juicio de la persona que la utiliza sigue siendo muy valioso. A mí parecer, aquí se representa el dilema clásico que diferencia al hombre de la máquina en el marco de su fortuita e irrepetible capacidad moral. Y bueno, la moral es un asunto muy escabroso porque tiene implicaciones profundamente enraizadas en las convenciones sociales, en el lugar y la época. Basta con pensar en lo que está bien y lo que está mal al medio de una guerra para suponer situaciones totalmente ambiguas a la razón. Lo increíble de Psycho-Pass es que, a final de cuentas, con unos pocos elementos representa todo un modelo social al que atenerse.

Esta serie da mucho qué pensar.

Otro aspecto intrigante es el hecho de que, en algunos sectores de la sociedad se ha opinado tradicionalmente que el conflicto de la criminalidad solo corresponde resolverlo a la autoridad, al Estado pues. Por ejemplo, en nuestro país, el Estado y el delincuente son los protagonistas del sistema. Todo el asunto en derredor de un crimen se centra fundamentalmente en la pena o sanción que la autoridad aplica al culpable, la cual debe de ser intimidatoria y proporcional al daño. De esta manera, la justicia, la restauración de los perjuicios, la educación, rehabilitación, etc. quedan fuera de escena. Psycho-Pass representa la continuidad de un sistema judicial de este tipo, en el que los valores detrás de los actos y las personas están supeditados a una funcionalidad representativa pero no esencial. 

Con honestidad, me da para largo ver la serie y luego hacerme preguntas sobre nuestro propio sistema de justicia; en algunos momentos terribles se parecen mucho. El asunto de la estabilidad emocional de los individuos y su manejo del estrés también es indispensable cotejarlo con nuestra contemporaneidad neurótica. La tecnología como el medio por excelencia mediante el cual nos interrelacionamos es otro punto que merece ser meditado. Y, por último, he de decir que a lo largo de la serie se presentaran persecuciones detectivescas que tienen como centro el análisis de la mente criminal. Exquisito.

  
En fin, la animación y música también son geniales. Recomiendo este anime ampliamente. 

Psycho-Pass se estrenó a finales del año pasado, en octubre. Aún se encuentra en transmisión.
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