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lunes, 9 de septiembre de 2013

COSAS QUE APRENDO DEL ANIME o UN PROYECTO DE TRANSFORMACIÓN PERSONAL, MORIR SIENDO OTRO


Si el cuerpo y la mente no se han entrenado lo suficiente, la capacidad de razonar la información que perciben los sentidos se empobrece; ni siquiera se puede concebir su alcance y potencial para el crecimiento personal. Olfato, oído, tacto, gusto y vista, cada uno de nuestros sentidos establece una relación muy particular con nuestro pensamiento, con la voz que gobierna nuestro mundo interior. Si dicha relación es fuerte y se le hace consciente, nuestros sentidos pueden mejorar, evolucionar a lo largo de una misma vida; de suceder lo contrario, se irán marchitando hasta la muerte.

Olfato: si un aroma guarda un recuerdo especial en nuestra memoria será mucho más fácil de identificar y rastrear. Por ejemplo, el árbol huele de noche; su aroma es inconfundible, quien lo conoce lo percibe como algo sólido -además de ser capaz de localizarlo aún en la oscuridad-. Los aromas guardan información que les es propia. Los aromas guardan recuerdos y estimulan la memoria; contienen un sinnúmero de asociaciones únicas, personales. El olor también funciona como una convención social de lo limpio, lo agradable, lo podrido o repugnante.

El oído es un sentido muy selectivo. Uno puede ignorar los sonidos, peor aún, su sentido o significado. Es increíble como todos hemos estado en la siguiente situación: en un restaurante, nos atrapa la conversación que ocurre en la mesa de a lado, a pesar de la distancia, si el murmullo de las voces vecinas engancha nuestra atención, comprenderemos mejor lo dicho allá que lo pronunciado en nuestra propia mesa. El oído se puede direccionar por medio del pensamiento. Nuestra atención en el sonido afina nuestra capacidad para escuchar.

El tacto. Yo doy masajes. Lo hago por la experiencia que registra la memoria táctil. Solo cuando se atiende con conocimiento el sentir del cuerpo se puede hacer algo por sanarle y fortalecerle; por equilibrar los flujos de energía que le dan habilidad. Cuando recibo un masaje y alguien toca mis pies (circunstancia a la que pocas veces nos exponemos pues, pocas veces recibimos masaje en los pies -y si lo hacemos no es de forma profesional-) mantengo los ojos cerrados, así puedo ver las luces que se encienden en mi cerebro. Es como si se tratase de un encefalograma: veo el calor, la movilidad, el dolor, la flexibilidad en cada pie y comparo: ¿cómo fue en el derecho, cómo en el izquierdo? Los días posteriores trato de restablecer la simetría en los hemisferios cerebrales por medio de ejercicios con el cuerpo. ¡Porque las dos mitades del cerebro son complementarias, ninguna debe entorpecer a la otra, al contrario! Normalmente, diferentes habilidades o funciones se hallan distribuidas predominantemente en alguno de los dos hemisferios pero, se dice que cuando somos pequeños, no está determinado de qué lado estarán. El habla, por ejemplo, en la mayoría de la población se localiza en el hemisferio cerebral izquierdo pero, de haber alguna lesión (o algún otro condicionante) puede reubicarse del lado derecho.

El gusto, hay algo que siempre me gusta compartir respecto al sentido del gusto. Se dice que la comida hindú se caracteriza por una combinación muy bien equilibrada de los diferentes sabores (dulce, salado, ácido, amargo y picante). Es importante consumirlos todos en una misma comida para que la zona que cada uno de ellos estimula en el cerebro no se quede apagada. Hay que llevar luz a la mente de una forma u otra.

Finalmente, la vista. Ver está estrechamente relacionado con pensar. La vista trabaja en mancuerna con el cerebro. Lo que se ve se puede interpretar. Lo que se ve es información para nuestro cerebro. Además, la vista es uno de los sentidos de mayor alcance; si uno sabe ver, muy pronto podrá deducir qué está pasando, de qué van las cosas que presenciamos en el mundo. Saber leer a la gente, su forma de mirar (o más simple, de vestir) es algo que se puede entrenar, enriquecer con los datos de nuestro archivo mental. Cuando Sherlock Holmes juzga a un desconocido a primera vista, su capacidad de observación parece magia pero, sucede que Holmes no solo observa, sino que tiene un sentido de deducción muy agudo; sabe trabajar la información que le ofrecen sus ojos en conjunto con su bagaje de sabiduría personal.

Estos son algunos de los ejemplos más sencillos del trabajo colaborativo entre la mente y los sentidos. Si uno entrena la mente, idealmente, debería de entrenar el cuerpo. Y viceversa. El mundo exterior -el mundo de los sentidos- se complementa del mundo interior -el de la mente, el del yo, el de la experiencia-.

Un universo nació con nosotros. Un universo morirá con nosotros. Todo aquello de lo que somos capaces conforma la historia de nuestra cosmogonía personal.

Si no contamos con el privilegio de conocer un maestro (un guía respetable), sólo nos tenemos a nosotros mismos. Lamentablemente, al desarrollo personal lo dirige la experiencia y, si las circunstancias que rodearon nuestro nacimiento no fueron las más propicias, ese desarrollo se puede ver coartado e incluso suprimido. Lo que debiera ser bueno, resulta algo malo. Aunque siendo más precisa tal vez deba decir: lo que debiera ser amigable, resulta ser áspero. Pero vaya, ¡hay otros caminos!

Por eso mis animes favoritos son aquellos en los que hay guerra. Porque la guerra es hostil y la habilidad de los enemigos amerita que o uno crezca o que pierda la vida frente a los más fuertes. El enemigo es el mejor maestro, superarle obliga -sin reservas- a ser mejor. Un guerrero digno (un contendiente, un competidor, una persona cualquiera) es aquel que domina su cuerpo y su mente bajo situaciones de absoluta tensión; que es capaz de utilizar todos sus sentidos a su favor.

Encontré un anime de guerra en el que puedo deducir un proyecto de desarrollo personal fantástico; acompañar al protagonista en su lucha y verle superarse así mismo obliga al espectador a plantearse qué haría de encontrarse en la misma situación. Por eso me gusta, es como un tutorial hacia el desarrollo y la superación personal (este tipo de narrativas abundan en Japón).

El anime en cuestión se llama Shingeki no Kyojin. Es una historia de gigantes que devoran humanos (las últimas personas en el planeta se encuentran atrincheradas en ciudades de muros altísimos que contienen a los gigantes pero que, a su vez, condenan a la humanidad al encierro y al peor escenario para la guerra). Al enterarme que este anime era de gigantes me desanimé un poco, pensé que era una idea algo simplona. Después lo entendí: ¿hace cuánto que no se cuenta una historia de gigantes, esos seres primitivos de tan peligrosos y tan grandes? (La última que yo escuché se escribió hace siglos…) Lo interesante, entonces, es que enfrentarse a algo tan brutalmente grande obliga al ser humano a superarse a sí mismo, a crecer (aunque sea en un sentido metafórico). Shingeki no Kyojin promete una narrativa tipo tutorial sobre la épica de superarse a uno mismo. De morir sabiéndose otro diferente al que se era.

Este anime todavía está en transmisión, es decir, nos está pasando a todos ahora mismo. Voy en el capítulo 7. Acompáñame.

P.D. Desde el 2011, Shingeki no Kyojin está en el top 10 de los mangas más vendidos en Japón. Es una locura si piensas que está hombro con hombro con los mangas que llevan años en el mercado y tienen millones de fans en todo el mundo. Es un fenómeno.

Ah, por cierto, si lo ves, pon atención al cielo. ¡Qué dibujo más bello! Puras nubes como las soñadas. Un anhelo.

Y a los problemas sociales. 







domingo, 25 de agosto de 2013

Los vampiros creados por la pluma de las mujeres


Después de que Twilight le quitara todo lo divertido a las historias de vampiros para dejarlas caer en un abismo de cursilería, llegó la serie de HBO, True Blood, la cual a pesar de tener la dosis de romanticismo necesaria, rescata un poco el género al mostrar vampiros, aunque guapos,  sedientos de sangre cuyas acciones parecen dirigirse más por la lujuria que por el amor.

¿Qué tienen en común Twilight y True Blood? Aparte de ser éxitos comerciales (el primero en cine, el segundo en televisión) y contar con millones de seguidores,  los dos están basados en novelas escritas por mujeres.

Twilight fue creado por Stephenie Meyer y es el primero de 4 novelas donde cuenta la historia de Bella y su romance con el vampiro Edward, la historia transcurre en el pueblo de Forks, Washington, un lugar que desconoce la existencia de los vampiros y las criaturas sobrenaturales.

Por su parte, True Blood está basado en la serie de libros Southern Vampire Mysteries escritos por Charlaine Harris, en los cuales seguimos las aventuras de Sookie Stackhouse, una camarera con poderes telepáticos, que se enfrenta a criaturas sobrenaturales como vampiros, hombres lobos, brujos, etc. todo esto en un pequeño pueblo al norte de Luisiana. En este universo, los vampiros han salido a la luz pública lo que genera constantes disputas, hasta políticas, entre humanos y vampiros.



En lo personal prefiero el trabajo de Charlaine Harris y True Blood, pues a pesar de tener a la heroína guapa de la que todos se enamoran (como Bella, pero acá está justificado porque básicamente Sookie tiene más encanto) rescata los elementos tradicionales de las historias de vampiros; toma el mito de estas criaturas nocturnas y lo inserta en un contexto actual pero en un ambiente conservador y tradicional como lo suele ser el de los pueblos sureños de Estados Unidos.  

Pero bueno, pero qué tiene todo esto que ver si acá nos compete el anime.

Pues verán, el otro día viendo el nuevo capítulo de True Blood, una escena me hizo recordar un anime que vi hace tiempo; se trata se Shiki (2010) y al igual que True Blood, la trama se desarrolla en un pequeño pueblo, en este caso en Sotoba.



Shiki también es una historia de vampiros, o al menos eso nos hacen creer,  pues todo se desarrolla con tal suspenso que no sabemos a qué se enfrentan los habitantes de Satoba hasta bien avanzada la trama.

Como ya dije, Shiki se desarrolla en un pueblo pequeño y apartado, rodeado por un espeso bosque que atenúa la sensación de encierro. Poco después de que una familia extravagante -a los que sólo se les ve de noche-  se muda al pueblo, misteriosas muertes comienzan a ocurrir; los habitantes empiezan a enfermar de lo que parecer ser una anemia y a los 3 días fallecen. El médico del lugar, Ozaki Toshio, comienza a investigar lo que parece ser una epidemia sin precedentes.



En un pueblo tan pequeño donde todos se conocen,  esta situación empieza a mermar en el ánimo de los lugareños, quienes comienzan a desconfiar unos de otros. Ahora se tendrán que enfrentar a los levantados (okiagari), que no son otros más que los aldeanos muertos por la misteriosa epidema que reviven para alimentarse de la sangre de los vivos. Ozaki Toshio, junto con su amigo el monje Seishin Muroi, deberán resolver el misterio de los levantados para tratar de salvar la aldea. Para ello se toparán con otros personajes que les ayudarán en esta tarea.

Shiki es uno de los animes de terror y suspenso mejor llevados, con una historia diseñada y contada de manera que el espectador nunca sabe a qué se están enfrentando, la habilidad con la que manejan el misterio hace que sea uno de sus puntos fuertes. Es así que también cuenta con tintes de thiller donde con cada capítulo nos vamos acercando a resolver el misterio que rodea a  Satoba.



La animación y el diseño de los personajes son de resaltarse, pues todo el arte visual de la serie aumenta la sensación de desolación que envuelve a esta aldea.  Los paisajes vacíos y estéticos, la oscuridad que está presente en casi todas las tomas,  las escenas gore llenas de colores brillantes, todo esto hace que Shiki sea una experiencia escalofriante y hermosa. Si han de ver un anime de terror, que sea este.

Me puse a investigar y Shiki está basado en un manga que a su vez está basado en una novela de la escritora japonesa Fuyumi Ono, la cual se ha caracterizado por sus novelas de fantasía y terror como es el caso de Los Doce reinos.



Cada vez más escritoras acuden a este género, inspiradas seguramente en la maestra en la materia Anne Rice. Las autoras reinterpretan el mito del vampiro, haciendo de él un ser seductor, atractivo y poderoso. El vampiro enamora a las inocentes protagonistas y las arrastra al disfrute de sus deseos más ocultos, como una salida a la monotonía de sus vidas. Será entonces que los vampiros pasan a ser símbolo de la liberación sexual de las mujeres; las cuales se convierten a sí mismas en objetos de deseo.

Es curioso porque esto prueba que en el género de los vampiros las mujeres han dominado el tema y lo han popularizado a niveles masivos; he ahí el caso de Anne Rice, o el de Meyer y Harris del cual hablábamos. Estas escritoras han convertido a los vampiros en símbolos sexuales, en adorables monstruos chupasangre. Por eso es bueno encontrarnos con casos como el de Fuyumi Ono, que más que vampiros guapos nos presenta una  reinterpretación del género, una combinación de vampiros  zombies, pero sobre todo, una sociedad destruida por sí misma, por el miedo a lo desconocido y su incapacidad de enfrentarse a seres que escapan de su comprensión.  


domingo, 5 de mayo de 2013

Ga-Rei Zero

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“I want to protect her. I want to protect her from any misery. I want to protect her from any misfortune. Those who hurt her… Those who put her in danger… Those who cause her misfortune… I want to eliminate all of them. I beg you. Protect her. Eliminate her misery. Eliminate her misfortunes. Even if… the cause of that is me!”

Isayama Yomi


¿Matarías a alguien que amas por amor? Una pregunta difícil, malintencionada por su carácter de incompatible. De infortunio absoluto. La primera vez que la escuché ni siquiera podía imaginar las circunstancias en las que semejante dilema exige ser planteado (un cuestionamiento límite como éste, si se plantea con seriedad no es por juego, es por obligación, por exigencia). 


Así comienza el primer capítulo de Ga-Rei Zero: ¿matarías a alguien por amor? Y uno sabe de inmediato que ahí esta el núcleo, el centro de lo subsecuente, de la historia que está por ser contada. Por eso le tuve paciencia. Por eso continué (cuántos animes no hemos abandonado después de un primer capítulo desafortunado, precisamente, porque sabemos cuán entrañables pueden llegar a ser a los pocos segundos de haber comenzado): aquí había una promesa. Una promesa que pasó por encima de mi incredulidad ya que el primer capítulo, además, deja muy en claro que se trata de una historia de fantasmas, acción y sangre.

Para quienes disfrutan de las historias sobrenaturales Ga-Rei Zero resultará satisfactoria; sin embargo, y sin pormenorizar este escenario de lo extraño, tengo la impresión de que ese mundo no es más que la mesa llena de platillos suculentos con la que se engalana a los comensales que están por proferir una conversación mucho más profunda y exquisita.

Si hubiera que definir en pocas palabras a Ga-Rei Zero diría que es un anime emocional. El final del episodio 1 (¡el primero!) contiene una de las escenas más impactantes e inesperadas que he visto (se establece -sin titubeos- que ahí nadie está a salvo). Además -no sólo se trata de una opinión personal-, una gran cantidad de comentarios en foros y páginas de anime insisten en cuánto les hizo llorar, en cuánto les emocionó el amor retratado, el conflicto… el dilema. Lo ideal sería que los espectadores dispuestos a continuar con Ga-Rei Zero sean capaces de disfrutar la tragedia, así como el ser empáticos y entregados con los momentos felices. 


Ga-Rei Zero salió por primera vez en televisión el 5 de octubre de 2008, curiosamente, se trata de una precuela de Ga-Rei, el manga. Esto es completamente inusual, normalmente los animes cuentan la historia que ya se ha publicado en el manga y suelen ir muy por detrás de su tiempo narrativo (o a la par) pero, en este caso, el anime funciona para establecer los orígenes de lo acontecido en el manga y que no fueron contados dentro de este último. Tal vez esta sea la razón de su brevedad (cuenta con sólo 12 capítulos) a pesar de ser una historia con tanto potencial.

lunes, 1 de abril de 2013

SHIGURUI

Bushidô wa shinigurui hi nari.
Hitori no satsugai wo Sûjû-nin shite shikanuru mono.

The way of the samurai is in desperateness.
Ten men or more cannot kill such a man.


Japón es un país forjado en la guerra. Por muchos siglos, poderosos clanes familiares se enfrentaron unos con otros en busca de la supremacía oficial sin poder consolidar la autoridad y los recursos necesarios para controlar a toda la nación.

La batalla decisiva para la historia de Japón, Sekigahara no tatakai (la batalla de Sekigahara), ocurrió el 21 de octubre del año 1600. En ella se enfrentaron las dos facciones principales del país: por un lado, estaban aquellos que defendían el ascenso de Toyotomi Hideyori -hijo de uno de los grandes unificadores de Japón, Toyotomi Hideyoshi-. Por el otro, estaba la facción de los que apoyaban a Tokugawa Ieyasu, uno de los señores feudales más sobresalientes del país.

La victoria favoreció a Tokugawa Ieyasu, quien obtuvo el título de shôgun, máxima autoridad política y militar durante esa época. De esta manera, con él comienza el periodo Tokugawa (1603-1867), característico por haber librado al país de las guerras intestinas, además de los conflictos internacionales, por más de 200 años. Más allá de haber sido un régimen autoritario e impositivo, Japón experimentó un significativo desarrollo social, económico y cultural durante este periodo.


He hecho esta breve introducción, para poder ofrecer un contexto adecuado para Tokugawa Tadanaga, el hombre y el personaje. En el marco de la historia japonesa, Tokugawa Tadanaga es nieto de Ieyasu (el primer shôgun Tokugawa), hijo de Hideata (el segundo) y hermano menor de Iemitsu (el tercero). Se cree que bajo su título nobiliario de señor feudal y miembro de la casa reinante llegó a cometer asesinato y otros actos de violencia. Así pues, Tadanaga existió. Fue un ser de carne y hueso.

Ahora vamos a hablar de Tadanaga como personaje, inserto en Shigurui (el anime del que voy a hablarles hoy).

Corre el año de 1630, Suruga, provincia de Japón. El enloquecido y cruel príncipe Tadanaga ha decido celebrar un torneo de artes marciales en el que participaran los hombres más fuertes, mejor entrenados y talentosos del país. 

(Un torneo de artes marciales siempre es un gran pretexto para el anime. Los japoneses son expertos en estirar los hilos de tensión de cualquier competencia. Son la cultura del trabajo disciplinado y el honor; además, su devoción hacia el esfuerzo personal resulta en un espectáculo que cualquiera desea presenciar: una lucha significativa, llena de sentido y compromiso. Un esfuerzo que no es vacío.)

De nuevo, la realidad y la ficción se entremezclan. La idea del torneo en Shigurui surge, supuestamente, de un manuscrito real titulado “Diario privado del Señor de Suruga”, que hace alusión a un torneo llevado a cabo en el Castillo de Suruga. En él se inscriben los siguientes hechos:

“Número total de contendientes: 22 divididos en 11 grupos. 8 fueron asesinados en batalla. Al mismo tiempo, 6 murieron por la mano de otros. 2 fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento. 6 sobrevivieron, 2 de ellos con heridas terribles.”

En concordancia con el contenido y la historia de dicho manuscrito, Shigurui funciona a manera de crónica: la muerte ha sido anunciada, ahora sólo falta revelar el trasfondo.

El primer capítulo muestra a dos contendientes en combate, Gennosuke Fujiki y Seigen Irako. A primera vista ya se percibe la gravedad y la fiereza, el odio y las horas de entrenamiento que invaden el espacio interpuesto entre ambos. Pero, ¿cuál es la conexión, el destino que confronta a estos samuráis? ¿Qué los motivó a inscribirse en un torneo con armas de verdad? ¡Con katanas! La respuesta se encuentra en los capítulos subsiguientes.

Estamos frente a un anime que se sumerge a profundidad en el mundo samurái y los principios del bushido. Un anime que muestra la belleza y el horror de la época feudal en Japón, ese momento histórico admirable e idílico pero pocas veces comprendido.

A pesar de ser una persona sensible, no muy dada a este tipo de género (de violencia extrema y sangre a borbotones), me atrevo a recomendar Shigurui. Creo comprender que para retratar a este tipo de samurái, la violencia era indispensable, inherente, necesaria. Es un anime aterrador, tremendamente bien logrado.

 
P.D. Sin embargo, insisto y advierto, no es apto para toda audiencia ni para todo momento. En principio, se le distribuye como material para mayores de 18 años.

lunes, 14 de enero de 2013

La terrible utopía, Psycho-Pass

Psycho-Pass (Production I. G, 2012) es una opción interesante. Fuera de los géneros más difundidos y fáciles de ver -comedias, amor, romance, batallas, deportes, escuela, etc.- logra mantener una independencia intacta dentro de lo oscuro, futurista, sangriento y estresante.  


La historia ocurre en un futuro próximo trastornado por el desarrollo tecnológico -comprensiblemente- pero, retorcido a partir de un descubrimiento muy puntual: de alguna manera han conseguido armar escáneres que miden y cuantifican la personalidad y el estado mental de la gente. El llamado Psycho-Pass (por el cual toma su nombre la serie) es instalado en el cuerpo de las personas y funciona como un dispositivo de almacenamiento de información psicológica y biológica. Cuando los estándares de comportamiento de un individuo se ven alterados, aunado a sus intenciones y pensamientos, la información almacenada dentro del Psycho-Pass se coteja con el índice de “Coeficiente de Criminalidad” y, si este resulta ser peligroso, los miembros de la Oficina de Seguridad Publica e Investigación Criminal obtienen permisos ya sea para perseguirle, detenerle e incluso, utilizar fuerza letal. Con esta metodología se pretenden alcanzar niveles altísimos de prevención del crimen… Es curioso, pareciera como si lo hubieran logrado, una sociedad casi utópica, sin embargo, los criminales que logran evadir el sistema, son criminales a prueba del mismo sistema, tipos insanos, de mucho cuidado. La paradoja es muy seductora para el espectador. 

Es complejo hablar de las particularidades y los detalles bajo los que se rige el funcionamiento del Psycho-Pass; hasta el momento, no tengo muy en claro su sistema operativo pero, como sucede con las buenas obras de ciencia ficción, la omisión de algunos datos acerca de la construcción de un entorno futurista es completamente comprensible. No es que sean datos irrelevantes, es que su razón de ser es equivalente a nuestra incomprensión, son cosas que están fuera de nuestro tiempo.

Por otra parte, de lo que si puedo hablar es del armamento que utilizan los personajes de Psycho-pass. Programaciones básicas que dan cuenta de qué tan peligrosos son los monstruos que esas armas deben combatir y, por ende, del tipo de historia ante la que nos encontramos.

El arma por excelencia con la cual cargan los “oficiales de policía” -supervisores y ejecutores- es el “Dominator” (este nombre no es ninguna casualidad). Si el arma es apuntada, automáticamente, su sistema calcula el nivel de criminalidad que el objetivo posee. Solo si dicho nivel es excesivo será posible disparar el arma. Por el contrario, si los niveles no exceden ningún parámetro de riesgo, el arma se bloquea.

 
El Dominator tiene tres modos: The Paralyser, Eliminator, y Lethal Decomposer. El primero, como su nombre lo indica, funciona para capturar sospechosos. Únicamente los paraliza; inclusive pudiera no tener efecto si a quien se le dispara se encuentra bajo el efecto de alguna droga estimulante. El segundo modo, Eliminator, provoca que el cuerpo de las personas explote en pedazos (en su uso recaen las escenas más sangrientas del anime). Y por último,  el tercer modo, Lethal Descomposer, se utiliza para destruir cosas no vivientes, como androides y robots. Cuando un oficial utiliza este modo, la carga produce que la materia se desintegre al contacto. Pues bien, la pregunta que me desvela por las noches es ¿en dónde se encuentra la línea que divide el uso del Paralyser y del Eliminator? Es intrigante porque ahí se encuentra la programación de un sistema moral que decide entre la vida y la muerte. Un sistema que, más allá de jurados humanos, es establecido por una máquina que interpreta el cuerpo de las personas.

El primer capítulo de Psycho-Pass explica de forma muy clara el uso del Dominator, además, señala a la perfección los puntos en los que incurre su fuerza y su debilidad como arma de fuego. Por ejemplo, nos presentan el caso aislado de una mujer victima de secuestro que, a causa del estrés al que ha sido sometida -no por haber cometido algún crimen-, se vuelve un objetivo viable para el Dominator. La tecnología encarnada en esa arma es increíble pero, en vista de que la inestabilidad emocional no es sinónimo de criminalidad, el juicio de la persona que la utiliza sigue siendo muy valioso. A mí parecer, aquí se representa el dilema clásico que diferencia al hombre de la máquina en el marco de su fortuita e irrepetible capacidad moral. Y bueno, la moral es un asunto muy escabroso porque tiene implicaciones profundamente enraizadas en las convenciones sociales, en el lugar y la época. Basta con pensar en lo que está bien y lo que está mal al medio de una guerra para suponer situaciones totalmente ambiguas a la razón. Lo increíble de Psycho-Pass es que, a final de cuentas, con unos pocos elementos representa todo un modelo social al que atenerse.

Esta serie da mucho qué pensar.

Otro aspecto intrigante es el hecho de que, en algunos sectores de la sociedad se ha opinado tradicionalmente que el conflicto de la criminalidad solo corresponde resolverlo a la autoridad, al Estado pues. Por ejemplo, en nuestro país, el Estado y el delincuente son los protagonistas del sistema. Todo el asunto en derredor de un crimen se centra fundamentalmente en la pena o sanción que la autoridad aplica al culpable, la cual debe de ser intimidatoria y proporcional al daño. De esta manera, la justicia, la restauración de los perjuicios, la educación, rehabilitación, etc. quedan fuera de escena. Psycho-Pass representa la continuidad de un sistema judicial de este tipo, en el que los valores detrás de los actos y las personas están supeditados a una funcionalidad representativa pero no esencial. 

Con honestidad, me da para largo ver la serie y luego hacerme preguntas sobre nuestro propio sistema de justicia; en algunos momentos terribles se parecen mucho. El asunto de la estabilidad emocional de los individuos y su manejo del estrés también es indispensable cotejarlo con nuestra contemporaneidad neurótica. La tecnología como el medio por excelencia mediante el cual nos interrelacionamos es otro punto que merece ser meditado. Y, por último, he de decir que a lo largo de la serie se presentaran persecuciones detectivescas que tienen como centro el análisis de la mente criminal. Exquisito.

  
En fin, la animación y música también son geniales. Recomiendo este anime ampliamente. 

Psycho-Pass se estrenó a finales del año pasado, en octubre. Aún se encuentra en transmisión.

domingo, 28 de octubre de 2012

Siempre es hoy


Escribir en este blog se trata de tomar decisiones. Y la primera de ellas siempre es una elección: de qué anime voy hablar. Hay tantos. Además, no sólo se trata del anime en sí, sino de su persistencia en la memoria, o en todo caso, de ser un anime de actualidad -ya sea porque se encuentra en transmisión o porque lo acabas de ver-. Hoy, por ejemplo, el dilema está entre hablar de lo que recuerdo y lo que vivo; entre un pasado oscuro e incomprensible o especular acerca del futuro prometedor.

En la primera opción están Serial Experiments Lain (Ryutaro Nakamura, 1998), Ergo Proxy (Dai Satō, 2006), Witch Hunter Robin (Shukou Murase, 2002) o Paranoia Agent (Satoshi Kon, 2004). Estos cuatro animes tienen en común la muerte, el suicidio, un misterio y el internet. También, existe la sospecha de que se está construyendo una pesadilla, un déjà vu del cyberpunk japonés.

Son el tipo de anime que mientras lo miras te absorbe por completo -aunque no entiendas muy bien que está pasando- y que, al final -si logras llegar al final-, te deja flotando bajito en la burbuja de la incomprensión. Incomprensión que permanece. Y permanece. Porque con una brecha de diez años puesta entre ellos y el presente, aún se puede encontrar ese degusto oscuro en la memoria. Esa duda bien asimilada de no saber qué pasó. La aceptación incluso de que de eso se trataba (¿no?). A estos animes les acomoda bien el pasado porque su naturaleza es la del sueño, más sentimiento que hechos congruentes; grietas singulares y extrañas de la memoria.

Vaya pues, son un perpetuo desencuentro, incomprensible e indiferente al corazón. Son más afines a la mente; con toda esa influencia filosófica en derredor de lo real, lo inmaterial, la identidad... Son como una polaroid de lo que queda cuando hay humanos pero no hay amor.

¿Por qué alguien querría ver estos animes y hablar de ellos? No lo sé. Pero ahí están. Un pasado oscuro, ¿quién no le va a entrar?

Ahora bien, el futuro prometedor, hermano inmediato del presente (la palabra inmediato pocas veces tiene tanto sentido como en la frase anterior) tampoco se puede evitar. En estos días he estado viendo Tonari no Kaibutsu-kun (Robico, 2012), que me recuerda a Kimi ni Todoke (Karuho Shina, 2011), Bakuman (Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, el mismo equipo que hizo Death Note, 2012) y a Nodame Cantabile (Tomoko Ninomiya, 2009). Las fechas que anoto aquí no son de su estreno, sino de sus finales, son animes recientes. Contemporáneos y muy populares. Que vienen felices, llenos de esperanza y de cariño.

Por ejemplo, hay que ver Kimi ni Todoke para aceptar que aún no te has amargado. Que todavía quieres conocer a alguien especial y tener nuevos amigos. O Nodame Cantabille para asumir que aún conservas sueños que quieres cumplir, que te apasionan. Es el presente-futuro. Un deseo de hoy para mañana.

Cuando empiezas a estudiar japonés, a manera de consuelo te dicen que solo hay dos tiempos verbales, el pasado y el futuro. Obviamente, eso no es verdad, el japonés tiene una gran cantidad de matices para indicar el tiempo en el que suceden las cosas, su continuidad, los actos consecutivos y causales, lo que afecta tus días antes o después de que éstos sucedan o se vayan. Bueno, debo aceptarlo, si hay algo de cierto: la conjugación básica es así, pasado y futuro nada más. De esta forma, para hablar del presente hay que hacer uso del futuro. Es lógico de hecho, porque están pegados, el presente es un monstruo que devora la consciencia de la vida futura. ¿Muy real, verdad?

Como podrás ver, la decisión de la que hablaba en un principio no es una elección sencilla: ¿de qué anime quieres hablar? se traduce a un bonche más de preguntas concatenadas: ¿cómo te sientes hoy? ¿qué historia quieres que te acompañe en estos días? ¿aún guardas esperanza? ¿te has desvelado últimamente? ¿crees que el enojo es una emoción sincera o sólo la tímida respuesta que los corazones frágiles utilizan para alejar el dolor? ¿pasado o presente-futuro, qué eliges?

En fin, ve Tonari no Kaibutsu-kun, por el momento, es mi recomendación más honesta. Está en transmisión, el martes 30 de octubre se estrena el capítulo 5, no parece que vaya a ser una serie larga (calculo doce capítulos). Su estilo es romántico pero gracioso. Haruka Tomatsu hace la voz de Shizuku Mizutani y es muy graciosa; la entonación de su voz es muy particular. Me hace sentir como colegiala enamorada.


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