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domingo, 4 de agosto de 2013

Primeros acercamientos al anime

¿Cómo recomendarle a alguien que nunca ha visto anime, que vea anime? ¿Cómo convencerlo de la riqueza narrativa y visual que tienen estos "dibujos animados"? Me pongo a pensar cuál fue el momento en el que me hice fan del anime; ese momento en el que supe que ya no podría dejar de verlo, que iba a ser una otaku toda mi vida. 



Tendría que volver muchos años atrás, durante la infancia consumía todo lo que la televisión abierta me ofrecía en cuanto a caricaturas. Fue ahí donde conocí a Los Caballeros del Zodiaco; de ahí vinieron otros como Sailor Moon, Las Guerreras Mágicas, Ranma 1/2, Dragon Ball, Supercampeones, etc. Yo era asidua a estos pero sin saber lo que era un anime en sí, los consumía junto con otras caricaturas norteamericanas, como si todo fuera parte de lo mismo.

Después con el cable -y ya a mis 18 años debo agregar- dedicaba largas horas a ver canales como Nickelodeon, pero en especial Cartoon Network (soy fanática de Cartoon Network, aún ahora, demándenme). Aquí descubrí la barra nocturna que este canal le dedicada a la animación japonesa, Toonami, donde me enganché con Inuyasha, además de animes como Saint Seiya (otra vez), Yu Yu Hakusho, Capitain Tsubasa, Zatch Bell, Mirmo Zibang y demás. También gracias a Cartoon Netwok conocí otras joyas como Ashita no Nadja, Love Hina y Gakko no kaidan (mejor conocida como Historias de fantasmas).


Fueron buenos tiempos.

Pero ver anime en la televisión requiere mucho esfuerzo, la barra de Toonami empezaba casi a la media noche, eso sin contar que de repente dejaban de trasmitir alguno y lo sustituían por otro, sin previo aviso, dejándonos morir en desesperación. No fui de los afortunados que tenían Animax, así que tuve que buscar nuevos medios para seguir viendo anime, y fue así que terminé en You Tube. 

En You Tube vi Death Note, y puedo decir que fue la serie que me enganchó definitivamente, y sin vuelta a atrás, al mundo otaku. Y es que Death Note te atrapa y no te deja ir, ni si quiera te deja respirar entre un capítulo y otro; es tan hipnotizante, tan vertiginosa y arrebatadora que no puedes dejar de verla. La devoras. Una vez que la terminas, quieres ver más, por eso empecé mi búsqueda de nuevos animes y nuevas páginas para verlos, me di cuenta que el internet lo tenía todo si uno sabía buscar. Encontré títulos muy buenos con historias que exprimían el corazón, era todo un nuevo mundo y yo lo descubría con cada capítulo, con cada personaje, con cada diálogo. 



Luego vino la difícil etapa postuniversitaria, cuando uno no sabe qué hacer con su vida y pues decide mejor no hacer nada, al menos por un tiempo. Sabía que tenía que conseguir un trabajo y ser un adulto funcional de la sociedad, pero simplemente no tenía ganas. Y fue ahí que Naruto llegó a mi vida, me gustó tanto que me abracé a él, y no lo solté hasta que lo terminé -al menos hasta el capítulo en que iba- aún ahora no la suelto, pues después de más de 500 capítulos el anime sigue, y seguirá. Ver anime requiere mucha voluntad.

Le tengo un gran cariño a Naruto, llegó en un momento en que lo necesitaba, encontré una gran belleza en sus personajes y en sus historias (y en las peleas ninjas, claro); además, me unió de una manera tan íntima y bonita con María (senpai, desde entonces): Naruto nos salvó de la depresión de salir de la universidad, nos gusta decir entre bromas. Pero sí, Naruto nos salvó.


¿Cómo recomendarle a alguien que nunca ha visto anime, que vea anime? 

Creo que hay un anime para cada persona, seguramente se toparán con una historia que les haga explotar la cabeza (no literalmente) y en la que encuentren ese sentimiento que no habían encontrado en otro lado. Pasa, se los puedo asegurar. Pero entre la gran cantidad de géneros que hay es fácil perderse, además de que los gustos de cada persona, como es obvio, varían mucho. Qué difícil se me hace recomendar un anime, es algo tan personal, tan circunstancial. Pero a pesar de eso, hay animes que siempre serán buenos, pues sus tramas y sus personajes están tan bien estructurados que te hacen querer seguir viéndolo hasta el final; prueba de ello es Death Note (todos los que empiezan a verla la terminan, aunque luego despotriquen contra ella), Cowboy Bebop también es un buen primer acercamiento, así como Fullmetal Alchemist (el Brotherhood, por favor) y Monster (todos tienen que ver Monster).

Pero lejos de todo esto, yo siempre les digo que hay animes que tienen historias que no le piden nada a las series gringas que tanto nos gustan. Además el formato de la animación, el arte que existe en cada toma, en cada gesto, es algo que todos merecemos ver, por el mero placer de la contemplación. 

Y pues sí, a veces el anime también te salva.

domingo, 7 de abril de 2013

La mezcolanza de Samurai Champloo




Leyendo el post de María recordé lo mucho que me gustan los samuráis, con todo y sus peleas con katanas. Animes de samurais hay muchos y muy buenos, pero ninguno tan peculiar como Samurai Champloo (2004), otra joya de mi ídolo Shinichiro Watanabe.

Ya antes he hablado (y alabado) el estilo de este director, que con CowboyBebop nos mostró de lo que es capaz, al valerse de la mezcla de géneros para contar una historia. Samurai Champloo no es la excepción, aquí mete a la licuadora las historias de samuráis, la época Edo, el graffiti y el hip hop; el resultado: una historia de aventura, acción y comedia, eso sí, llena de anacronismos.

“Este trabajo de ficción no es un retrato histórico exacto, no nos preocupemos y disfrutemos el programa”. Así inicia la historia, la cual nos ubica en el periodo Edo, para ser exactos en el periodo gobernado por el clan Tokugawa conocido como Shogunato Tokugawa. En esta época relativamente pacífica, donde se unificó al país devastado por las guerras de la era Sengoku y se adoptó una política de aislamiento frente al resto del mundo, situamos a nuestros tres personajes principales: Fuu, Mugen y Jin.


Fuu, una chica que trabaja en una casa de té, se ve envuelta en una pelea donde participan Mugen, Jin y los guardaespaldas del hijo del gobernador. Esta pelea, hermosamente coreografiada que da saltos y cambios de secuencia como si de  turntablism se tratara, termina por destruir el lugar; Mugen y Jin son capturados y condenados a muerte. Fuu los ayuda a escapar a cambio de que la ayuden a encontrar al “samurái que huele a girasoles”. Después de una espectacular huida  y cuándo Mugen y Jin se disponían a ajustar cuentas, Fuu los convence de ayudarla. Así inicia el viaje de estos tres, quienes se dirigirán al oeste de Japón en búsqueda del “oloroso” samurái, enfrentándose a diversos problemas y personajes.

Nuestros tres protagonistas crean un equilibrio necesario: Fuu, es una chica dulce pero muy aguerrida y decidida a la hora de enfrentar los problemas; ella sirve como amalgama entre Mugen y Jin y es la responsable de que no se maten a la menor provocación. Mugen es un samurái muy peculiar que usa una técnica de pelea que asemeja pasos de break dance, es egoísta, extrovertido y va por la vida buscando peleas innecesarias. Jin es todo lo opuesto a Mugen, es un samurái introvertido, disciplinado, y sumamente habilidoso con la espada.


Como dije antes, estos tres personajes, sin nada en común entre ellos, tendrán que aprender a convivir, viajando a través de un Japón donde los samuráis estaban en la cima de la pirámide social. Watanabe insiste en mostrar hechos históricos, como la rebelión Shimabara y el sistema Sakoku que expulsó a todos los extranjeros del país; además de mostrar las nuevas manifestaciones culturales que surgieron, como el teatro Kabuki, el teatro de marionetas Bunraku y las pinturas ukiyo-e. Sin embargo todos estos son mezclados con referentes de la cultura hip hop y el arte urbano neoyorquino.

Y es que Watanabe quizá encuentra relación entre el hip hop al más puro estilo del Bronx y el periodo japonés que vio surgir sus expresiones culturales más urbanas; es por eso que se puede percibir una semejanza entre los barrios neoyorquinos y los distritos japoneses de diversión donde se instalaron los teatros, las casas de té y los prostíbulos. Es así que el autor nos regala un periodo Edo lleno de graffiti, break dance y rap. Las peleas de samuráis entonces parecen ser amenizadas por los ritmos de un DJ.

Esta mezcolanza, este trastocamiento del contexto histórico, hace que la historia adquiera otros matices, y que los personajes adquieran otras dimensiones. Jim y Mugen fallan al concepto tradicional de samurái, pero en cambio adquieren un sentido del honor y de la amistad que se va construyendo a medida que avanzan en su viaje; podemos decir que son samuráis modernos en una época antigua. Fuu por su parte desafía el concepto de la mujer abnegada y sometida y tiene contacto con nuevas expresiones culturales que cambian su modo de ser y pensar; el viaje para ella es liberador y le quita las cadenas propias de su género.


Watanabe gusta de mostrarnos los viajes que enfrentan sus personajes. Si bien en Cowboy Bebop el viaje pareciera no tener un destino aparente, en Samurai Champloo toda la historia se desarrolla a partir de ese destino que tienen bien definido: encontrar al samurái que huele a girasoles. Es así que sus acciones se dirigen a alcanzar esa meta, y es precisamente esa búsqueda la que los mantiene unidos. Como era de esperarse, entre ellos surge un sentimiento de amistad y camaradería sin que esto los distraiga de su objetivo inicial. 

Al final de cuentas, el autor nos deja claro algo con sus historias, el destino del viaje es lo de menos, pues es el camino el que resulta aleccionador y revelador; el que los transforma y los hace crecer. Samurai Champloo reinventa el género de los samuráis, Watanabe lo mezcla como si de un DJ se tratara, no le importa la exactitud histórica; él nos muestra su visión particular de este periodo, él nos cuenta un viaje, y ese viaje es hermoso. 


lunes, 21 de enero de 2013

Los episodios


Un día hablando con Carlos (a.k.a. @rufianmelancoli) me recomendó leer un libro de Stephen Gilman “La novela según Cervantes”. Un poco me entusiasmó con eso de que el Quijote y Huckleberry Finn vendrían siendo como hermanos.  Y es que, Carlos y Gilman, dicen que la aventura va de la mano de la experiencia, pero hay grandes diferencias. La primera es autocontenida y hermética, mientras que la experiencia es la reflexión de lo acontecido o narrado.

Como pude, saqué el libro de la biblioteca (con todo y temblor de 7 grados del año pasado que casi lo impide) y me lo llevé a un largo viaje, que claro, parecía un poco una aventura que se acumuló en experiencia. Con este post no me propongo trasladar el bonito ensayo de Gilman, o que Carlos por fin vea anime (un poco sí), sino rescatar un poco esos momentos (y personajes) episódicos sublimes que llevan a algunos de mis animes favoritos a construir una experiencia muy sólida.

Quiero recomendarles tres episodios de tres animes muy queridos. He escogido episodios autocontenidos, que no les dan muchos spoilers de un anime, pero que en su independencia dan fe de la construcción de los personajes y que al verlos los puede incentivar a ver toda una serie.

1.       Monster. Episodio 18: "Cinco cucharadas de azúcar"
Monster tiene varios episodios de este tipo. Episodios que nos presentan personajes que quizás no volvamos a ver. Todos son muy bellos, sin embargo este es mi favorito. Nos presenta un personaje redimido de su pasado, un pasado donde él señala ha perdido su humanidad. Todo a través de la narración de un hecho muy simple: tomar café con cinco cucharadas de azúcar. El sabor del azúcar que recuerda la humanidad de alguien que no es un mercenario, es el eje central. El episodio está construido y narrado en varios tiempos. Un presente que incluye que Nina Fortner se reencuentre con, Mr. Rosso, su exjefe del restaurante italiano donde ella fue mesera y un actual, donde él la encuentra luego de que ella está huyendo. En este encuentro (con café incluido), los dos viajan al pasado donde él fue su jefe y,  él es capaz de reconocer su propio aún más pasado. Es, simplemente, bello.



Nota: es mejor si lo empiezan a ver desde el minuto 2. Así no hay nada de spoilers, como aquí.


2.       Ghost in the Shell: Episodio 3. “Android and I”.
Una serie de “suicidios” de un cierto tipo de androides empiezan a ocurrir. ¿Son suicidios si son androides? El motivo es un aparente virus, diseñado por un joven que posee uno de estos androides tipo “Jery”, del que está enamorado. Es un capítulo emblemático porque incluye la discusión de toda la serie de cuál es la barrera entre lo humano y lo artificial, y que es lo que está vivo y no.


Aquí en youtube


3.       Cowboy Bebop. Episodio 17: “Mushroom Samba”
Si hay un anime escrito para que sus capítulos sean autocontenidos, es Cowboy Bebop, el cual Tania ya nos ha reseñado acá. Supongamos que no sabe de qué va Cowboy Bebop, pues no importa: una tripulación de gente tiene hambre y su nave se avería y tiene que ir por comida. El resto de la historia se cuenta sola. Este capítulo es memorable. Primero porque TODOS los personajes, incluido el perro, se lucen y se dan un chance de ser menos aprensivos y muestran su unidad como familia.  También es un episodio donde hay muchos cameos y guiños de Watanabe al cine, como un personaje muy parecido a Jackie Brown.



Aquí en anime.id el capítulo completo.


lunes, 15 de octubre de 2012

Hellsing vrs. Hellsing

Hellsing, la historia de Alucard, es una de las mejores historias de vampiros que he visto. Porque es un vampiro que está del lado de Integra, una mujer adinerada y poderosa,  para exterminar a otros vampiros. En este ir y venir entre la humanidad y la no humanidad, hay un gran anime, con mucha sangre. Esta historia ha sido contada de dos maneras. Una me gustó y la otra, no.

Seras Victoria, Integra y Hellsing
Puedo parecer un poco ingenua y puedo estar generalizando, pero creo que a finales de los 90  había muchos silencios en los animes. Silencios que construían personajes como en Evangelion, en la avant-garde Lain, en el ya reseñado Cowboy Bebop y en otro gran anime Trigun. Estos silencios hacían que los personajes se desenvolvieran maduramente, construyéndonoslos despacio pero de manera bastante sólida. Como  con guiños que nos dicen “vos que ya me has visto vivir cosas más sencillas, hoy te explico por qué actúo como actúo”. Y esa explicación era a veces quizás no muy concreta y el misterio de los personajes se nos revela un poco cómo lo queramos entender, en una reflexión personal. Eso es algo que extraño en la nueva adaptación de Hellsing, “Hellsing Ultimate”.

La primera versión “Hellsing”, emitida entre 2001 y 2002 y dirigida Umanosuke Iida, nos presenta una historia con una estructura narrativa que se mueve adelante y hacia atrás pero que va de la mano de una historia central y lineal de Seras Victoria, una recién convertida en vampira. A medida que Seras Victoria se une así al equipo anti-vampiros de Integra,  de la mano de su master Alucard, quién es el responsable de que ella sea hoy un vampiro. Este triángulo de relaciones (jefa, vampiro-master, aprendiz), genera una historia que no sólo nos va contando cómo van apareciendo vampiros de otras organizaciones, sino que establece vínculos que son excesivamente… humanos.

No es casual que esta primera adaptación tenga este dejo de silencios e historias ambiguas, de los animes noventeros. No sólo por su cercanía temporal, sino que su director también fue guionista de Cowboy Bebop. Eso sí, no es una historia sin fallas. No es la mejor. No está en mis favoritas. Pero se disfruta y uno ama, odia y vuelve a amar a Alucard.

La adaptación reciente, que son OVAs y no programadas para la televisión, se empezó a emitir en 2006 y aún no se termina (como suele suceder con las OVAs). La cuestión es que después de ver los 13 capítulos de la primera donde la tensión de Alucard e Integra se va construyendo hasta decirnos porqué actúan cómo actúan en los últimos dos episodios, en los OVAs me lo explican en las primeras dos emisiones. Entonces se vuelve poco sutil, más literal y deja de ser silenciosa: se vuelve un bullicio de obviedades que hacen pensar que está dirigido a un público menos activo, por no decir, menos inteligente.

Obviamente las OVAs tienen mejor definición y mejores efectos especiales. Hay que darles crédito en eso a esta nueva versión. He leído en foros además, que se ciñe más al manga. Pero yo veo animes que se explican solitos, sin manga. Así que eso no me es relevante en que algo sea mejor o peor. Además, mezcla una animación, en un anime tan sangriento, con una tipo “moe”. Esta combinación que ha funcionado en Full Metal Alchemist, pero no acá, porque la protagonista es la demasiado sexy Seras Victoria y no queda. Seras Victoria es una policía tetona que anda vestiditos cortos,  que no necesitaba más fan service que existir, pierde todo el elemento dramático de la primera adaptación, donde se centraba en la torpeza de aceptar su nueva manera de ser, que no es ya humana, aunque ella se sienta aún como tal. Y eso me decepciona demasiado. Además perdemos el jazz del soundtrack de la primera y eso es, para mí, imperdonable.

Mi opinión no es la general ni muy popular, pues por ejemplo en sitios como MAL, la nueva versión está mejor calificada que la primera. Soy un poco chapada a la antigua, me gustan más las historias y los personajes y no tanto la sangre y los efectos especiales.


Les dejo el primer opening del primer Hellsing, una canción que pone a cualquier sediento de sangre de buen humor.


domingo, 29 de julio de 2012

Cowboy Bebop, un western en el espacio




Cowboy Bebop es la obra maestra de Shinichiro Watanabe (sí, considero que es una obra maestra y espero que más adelante se entienda el por qué). Narra las aventuras de un grupo de cazarrecompensas del futuro; un futuro donde hay puertas interespaciales que permiten viajar de un planeta a otro; la tierra se encuentra destruida y reducida a escombros lo que ha obligado a los humanos a poblar otros planetas y moverse entre ellos a través de naves espaciales.

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