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lunes, 24 de febrero de 2014

La Rebelión de Homura y el Fin del Mundo

Creo que Puella Magi Madoka Magica tiene todo el potencial para volverse un clásico de la historia del anime y que Hangyaku no Monogatari —Historia de la Rebelión (2013)—, es la End of Evangelion de esta generación. Esta es mi opinión y, en los siguientes párrafos, ofreceré algunos argumentos en su favor con los que se puede, o no, estar de acuerdo.

Las historias del fin del mundo tienen un atractivo natural, porque nos llevan a la orilla del tiempo y el espacio, a la presencia de Dios. En ese sentido, The End of Evangelion (1997) representó el punto culminante de una generación en crisis: todos los personajes aparecen como soledades que se rozan, que parece que se acompañan, pero que, en realidad, permanecen aisladas y temerosas, centradas en sí mismas y sin apenas voluntad para relacionarse con el otro. Shinji es el mejor ejemplo. Su orfandad es trágica, pero lo es más el hecho de que no hace nada por salir de ella, es incapaz de ver las manos que se le tienden, receloso. Su amor es destructivo. En The End, sin embargo, puesto ante la disyuntiva de fundirse en los demás, de borrarse y entrar en la comunión más perfecta con los otros, elige el dolor que acompaña la libertad.


Los noventas fueron años de inquietud. En Japón, el milagro económico de las décadas pasadas estaba amainando y la incertidumbre se volvió la moneda de cambio. Aquí, la crisis minó la confianza de todos en el futuro. Cabe imaginar que muchas personas escogieron replegarse en sí mismas, del mismo modo en que uno se encoge para cubrirse de la tormenta. Quizá Evangelion intentó representar, entre otras cosas, la lucha contra el miedo a la libertad que significaba la caída de esas estructuras, mediante el fracaso reflexivo, obsesivo, en solitario.

La generación de Madoka es un tanto diferente. Parece más esperanzadora que aquella, aunque se enfrenta a las mismas cosas. Si ya vieron la serie —y espero que así sea—, recordarán que la heroína, Madoka, asume por sí misma una solución al problema universal de la causa y el efecto, evitando que las guerreras mágicas tornaran en maldiciones sus deseos, estableciendo un orden acorde con sus convicciones. Eso implicó, desde luego, su salida del ciclo kármico, su existencia (por decirlo de alguna manera), fuera del tiempo y el espacio, simultáneamente consciente e inconsciente de lo que fue, es, será y de lo que pudo ser. Pero para que esto fuera posible, Madoka necesitó apoyarse del esfuerzo de Homura, aprovecharse de su deseo de salvarla. Con ello, un nuevo universo se constituyó. En éste Madoka nunca existió, pero Homura la recuerda.

Para muchos, este final fue satisfactorio. Para otros, se cometió una gran injusticia contra Homura. Después de todo, ella fue quien se sacrificó regresando una y otra vez en el tiempo, sólo para ver morir a su amiga en cada vuelta. Es cierto que al final Madoka se salvó de convertirse en una Bruja, pero el costo fue muy alto y así no era como el deseo de Homura debía ser satisfecho.

Hangyaku no Monogatari explora los sentimientos más profundos de Homura y su lucha por encontrar una solución con la que pueda sentirse satisfecha. Su historia es la del conflicto entre dos bienes que, a veces, se presentan en vertientes contrarias: el deseo y el orden. El deseo, casi por definición, es algo vital que mueve a la acción y al amor. Este amor, que a veces también puede ser destructivo, es distinto al que experimentaba Shinji hace diecisiete años, porque no teme demostrarse ni consumirse en sí mismo. Se sufre, por supuesto, pero parte de un lugar diferente al del aislamiento. Madoka, cuando existía, era una niña afortunada, que no tenía razones para desear que su vida cambiara. Cambió, sin embargo, porque eso sucede en cuanto uno sale del ámbito protector del hogar, para conocer un universo de emociones contradictorias que lo mismo le traerían risas y lágrimas. Así, Madoka se enfrentó a su propio fin del mundo y aceptó dignamente la comunión que Shinji rechazó. Donde uno escogió la individuación, ella optó por volverse parte del Todo por su confianza irrestricta en la vida y la aceptación de sus dos caras. La generación de Madoka, si puede identificarse con esta historia y sus personajes, quizá sea una que prefiere aceptar e integrar la contradicción mucho más que escindirla y aislarla.


Puella Magi Madoka Magica: Hangyaku no Monogatari se estrenó en los cines de Japón el año pasado y se presentó en México como parte del festival Konnichiwa! Se cuenta que estuvo preseleccionada para competir por el Oscar en la categoría de Mejor Película Animada. Como sea, con esta obra, queda mucho más asentado que Gen Urobuchi es uno de los mejores creadores que hay en la industria del anime en los últimos años. Vale la pena seguirle la pista.

domingo, 26 de enero de 2014

Wake up girls!


Me gusta que me recomienden libros. Y tengo en muy alta estima a quienes lo hacen. Cuando alguien en quien confío me habla de buena gana acerca del libro que acaba de leer, no lo pienso dos veces, ya sólo se trata de ver si me lo presta, lo compro, lo descargo o lo que haya que hacer para conseguirlo.

Días después, por fin llega el momento de leer el nuevo libro y: ¡cuánto disfruto las primeras líneas! Ese despliegue de hechicería que da indicios de si la narración existe en el pasado, el presente o el futuro. El artificio que es la voz del narrador. La vida que se manifiesta en lo descriptivo.

Parte de lo maravilloso de leer cuentos está en la prontitud con la que se abren y se cierran ventanas a múltiples ficciones. Las antologías de cuento se parecen a esos sueños en los que hay un pasillo largo plagado de puertas que, al abrirlas, conducen a lugares diferentes e inverosímiles. Una de esas puertas casi siempre da al mar.

Con el anime pasa igual. Las primeras escenas de un primer capítulo y “el intro” resultan ser una bella pauta para determinar el tipo de ficción en el que, si queremos, nos podemos sumergir. Y bien duro.

Hoy empecé a ver uno nuevo. De lo primerito en revelarse es que la acción ocurre a lo largo del 1 de enero del 2014. ¡Hace apenas 26 días!

A veces lo japonés me asusta. Yo digo que allá el tiempo es un valor estético porque te hacen sentir las implicaciones de tu existencia temporal a razón de sus ficciones.

El anime en cuestión se llama “Wake up girls”. La historia es acerca de un grupo de chicas que tienen por sueño convertirse en idols… ¡Uf! Lo que ocurre en este anime se parece tanto a Tokio y a sus mujeres, a la forma en que comercializan y venden un nuevo grupo musical, que casi vi a los personajes cobrar vida y atravesar la pantalla (ojo: si lo piensas fríamente, esto es lo que pretenden quienes hacen cosplay en Japón; un cosplay lo suficientemente bueno como para creer que personajes de anime andan por ahí tomando café y paseando por los jardines imperiales.)

En “Wake up girls” las protagonistas parecen niñas pequeñas, pero hablan sobre tener un trabajo y mostrar actitudes de análisis y madurez frente a la vida cotidiana.

Soy fan.

Todo es tan disparatado y tan realista a la vez, simplemente no puedo dejar de preguntarme: ¿en qué me metí con este anime? Así como en “Wake up girls” se ven carteles promocionales del grupo de idols en las calles de Sendai, en las calles de Sendai (las “reales”) hay carteles promocionales de este grupo de idols. Seguro también ya venden bebidas con su rostro en cada Seven Eleven.

Igual no lo sigo viendo, igual y sí. La moraleja aquí es: “El anime, sea como sea, es una ventana a un nuevo mundo ficcional, pegajoso, bien cimentado. Y claro, se escapa a la realidad nipona cada que puede (en forma humana, comercial, musical, material, onírica y demás).”




P.D. Narradores japoneses, dejen de jugar con mi mente.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Érase una vez, nosotros (O de cómo me gusta el drama adolescente)



En serio que no quería escribir sobre otro anime con historias románticas como lo hice con Honey and Clover; sobre todo porque se que este tipo de series es más para aquellos que gustan del azote emocional y las lágrimas sobre el monitor. Me incluyo. Pero el otro día leyendo las noticias del mundo otaku, me enteré de que habían hecho una versión live action de Bokura ga ita, la cual se estrenó en marzo del 2012.

Pues bien, Bokura ga ita es un anime que, como es común en estos casos, está basado en el manga escrito por Yuuki Obata. Narra las hitorias de Nanami Takahashi, una chica de preparatoria que se enamora del chico más popular de su salón, Yano Motoharu; al principio ellos solían llevarse mal, en gran parte porque Yano era bastante engreído y frío, pero a base de la convivencia diaria terminan enamorándose. Hasta aquí todo bien, no parece ser nada que no hayamos visto antes.

Bokura ga ita es un shoujo (es decir un género dirigido a mujeres adolescentes) pero temo decir que no es uno de los mejores. Con series como Kimi ni Todoke, Nana, Lovely Complex, Skip Beat y un largo etcétera, Bokura se queda un poco atrás en cuanto animación y originalidad. Pues a diferencia de otros, sus personajes a primera vista parecen no ser tan complejos ni llenos de conflictos internos, lo que hace que la historia de la impresión de ser un poco sosa. Nanami es una chica bastante común, cuya mayor cualidad es ser ingenua y amable. Yano por su parte es un chico bastante frío y misterioso, el cual va revelando un pasado difícil que lo persigue hasta ahora; su antigua novia fallecida parece ser el mayor impedimento para que esta pareja sea feliz.


Entonces, si  Bokura ga ita no es tan buena ¿por qué estoy escribiendo de ella? Pues porque creo que dentro de la simpleza de su historia y de su animación hay situaciones sumamente realistas, bellas y tristes. Y es que a pesar de caer en los clichés de las historias de amor -la chica ingenua con el chico popular, sorteando una serie de dificultades para ser felices- la autora se atreve a poner a sus personajes en situaciones duras que no son propias de su edad, o al menos no tan comunes. Es como si la realidad, aquellas situaciones que no están en sus manos, presionaran hasta romper la burbuja de amor en la que se encuentran.

Es por eso que vemos a nuestros protagonistas enfrentarse a una historia de amor que en lugar de florecer va cayendo en un espiral de depresión. Pues uno puede amar a alguien pero no puede dejar de lado todas aquellas circunstancias que inevitablemente terminan separando a las personas. Y es precisamente ese giro de la historia lo que hace que se mantenga interesante hasta el final.


Además, este es uno de los pocos shoujos que he visto que aborden el tema de “primera vez” de una manera realista, es más, hay muchos que ni siquiera tocan el tema de sexo entre adolescentes. Nanami y Yano deciden tener relaciones sexuales y, como es común en jóvenes de su edad, aprovechan que la mamá de Yano no va a estar en casa para hacerlo. Nanami se muestra con muchas dudas pero al final accede con un “por favor, hazme tuya”, encerrando en esta frase toda la entrega de las jóvenes orientales que, desafiando sus tradiciones, se dejan llevar por el amor: “Mamá, papá, lo siento, tengo alguien a quien quiero dedicarle esto” piensa Nanami. Toda la escena transcurre con la torpeza de estos jóvenes primerizos a los que incluso el hecho de desnudarse les parece tremendamente incómodo. La primera vez llena de ese romanticismo acelerado e inexperto se ve interrumpida cuando la madre llega súbitamente a la casa. Clásico.

Como dije Bokura ga ita puede que no sea de lo mejor que hayamos visto en cuanto al género, pero creo que es de las pocas que logran mostrar el drama adolescente tal cual es, sin retoques, torpe, con todas las dudas y temores que este conlleva. Además está narrada de tal manera que nos engancha y no nos permite soltarla sino hasta el final. Al final de cuentas de eso de tratan los shoujos, de retratar el romance juvenil y lo agridulce del primer amor, donde todas las situaciones parecen ser determinantes porque no se concibe una vida más allá del ahora.



Quiero agregar que este anime ha sido de los pocos cuyo final me dejó tan intrigada que me obligó a leer el manga, donde se encuentra la continuación de la historia. También me voy enterando que el manga por fin llegó a su esperado final apenas este año. No puedo esperar a leerlo. Y es que al final de cuentas me encantan estas historias y el drama de las jóvenes parejas escolares. Lo sé, soy una cursi, pero es la única forma en la que me permito serlo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Cardcaptor Sakura: el descubrimiento del mundo, sin edad


En realidad, las categorías del mundo definidas por la edad no siempre han existido; tanto la infancia, la niñez y más actualmente la juventud, son constructos sociales mucho más modernos de lo que creemos.[1] Todos vivimos en el mismo mundo, desde que nacemos. No hay control para lo que vemos u observamos. La ambigüedad de los demás, a los ojos de quién asume la realidad, no tiene edad.


Sakura es una niña. La acompañamos de desde sus diez años a sus doce años durante los 70 episodios y las dos películas donde la vemos salvar el mundo. A simple vista la historia es de lo más lineal: es una elegida para ser una maga, debe primero capturar las cartas (que representan criaturas con poderes) del mago Clow y luego, en la segunda temporada hacer de esas cartas, sus propias cartas.

Sin embargo, la belleza de este anime no radica precisamente en su plot principal. No. Es lo subyacente y ambiguo lo que lo hace destacar. En primera, el diseño de personajes de CLAMP no ha podido ser superado. Cardcaptor Sakura fue emitida entre 1998 y 2000, y la verdad no tiene nada que envidiarle a un anime actual en cuanto a diseño, música y producción. Sakura utiliza ropa nueva en cada capítulo, el detalle de la realidad y la cotidaneidad del día a día, hacen que esto sea algo muy bonito de ver. Claro, la gente usa ropa distinta de a diario. Los uniformes de las escuelas japonesas cambian con las estaciones y por supuesto la gente es distinta y puede cambiar.

Este detalle estético se traduce también en los personajes. Los personajes son humanos y cotidianos. La misma Sakura encierra en su historia familiar a una madre muerta, que no hay que vengar y no resulta en una suerte de excusa para llorar. No. Es simplemente una realidad que configura que la niña esté inserta en una familia con un padre soltero, donde los hijos son responsables apoyando en las labores domésticas y en sus actividades escolares.

Pero más allá, el mundo y sus ambigüedades con sus tonos grises siguen presentes en este anime. De tal cuenta que fue censurado en Estados Unidos, aun cuando nunca se habla explícitamente de las cosas. El anime es contado desde una niña de diez años, pero que como todos vive en la realidad del mundo, un mundo que no es lineal y que no es una representación fiel de las familias tradicionales o de puro amor heterosexual.

Hay dos elementos sobre los cuales se centró la “censura”. Uno con las diferencias de edad. Sakura se enamora o cree enamorarse del amigo de su hermano Yukito, el cual es como cinco años mayor y también existe una referencia a la historia de amor entre Rika sobre su profesor. 

El otro elemento tiene que ver con la orientación sexual. Yukito y Touya, el hermano de Sakura, aunque no se declare explícitamente se sabe que tienen una relación sentimental que es muy dulce; también, Tomoyo, su amiga o prima, demuestra que el interés que tiene por Sakura es más que amistoso; e incluso Syaoran (el rival en obtener las cartas) en un principio se presenta como rival de amores de Sakura frente a Yukito.

Me parece que es una cosa exquisita tocar estos temas desde la visión de los niños que transitan entre el cuarto y sexto grado, esto hace no sólo que sea un anime para niños, si no para cualquier edad. Los descubrimientos de Sakura entre la magia y salvar al mundo, se combinan con que descubra su propios sentimientos de la transición de la niñez: si está enamorada, si no lo está y que pueda observar los objetos de afecto de los demás.

No es que esté intentando tratarte como una niña al no corresponder tus sentimientos

Mi escena favorita es cuando Sakura, por fin, toma el valor de declarle su amor a Yukito (capítulo 66, spoiler a continuación). Yukito le hace ver con mucha ternura que lo que siente por él es admiración, cuando le explica que compare los sentimientos hacia él, con los que tiene por su padre. Es una escena hermosa. Sakura, con su intuición, le pregunta si tiene una persona especial a quién querer. Él, le responde que sí. Y ella le dice que es muy feliz de saber que esa persona especial es su hermano. Desde sus diez años Sakura no emite ningún juicio de valor por las elecciones de cariño. Y esos temas y esas maneras de tocarlos, deberían ser más repetidos. Y por supuesto, no deberían ser considerados como tabú.

Estoy segura que mi hermano piensa que eres su persona favorita también.
El mundo existe, tengamos diez años o tengamos cien. Y los niños pre-adolescentes están conscientes de ello y además, deben lidiar con sus propios cambios. En general, en este anime los niños tienen criterio, opinan, toman decisiones, llevan responsabilidades, porque los niños no son una especie de infrahumanos, sino humanos con menos experiencia. Hacer un anime que nos lleve a estas reflexiones y además a pasar diciendo “kawai” a Sakura en cada capítulo es una obra maestra.
 
Para el que quiera ver una reflexión sobre lo que significa una “caricatura” (o un anime) en Estados Unidos y en Japón, a través del ejemplo de Sakura, pueden leer este paper.  Está inglés, pero vale la pena.

[1] Por ejemplo, Bourdieu nos dice que la juventud es una palabra. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

De amores no correspondidos, miel y tréboles


“Un día, montando la bicicleta verde que solía usar siempre, pensé: ¿Qué tan lejos puedo llegar sin mirar atrás?”



Así comienza Honey and Clover, con el viaje que todos tenemos que emprender hacia la vida adulta, ese recorrido en el que no podemos darnos el lujo de mirar atrás. Éste es un anime que aborda situaciones tan cotidianas que nos roban el corazón;  una historia llena de dulzura y simbolismos (no es gratuito el título: Miel y trébol) donde los personajes cuentan con una humanidad tal que sólo podemos sino sentir empatía por ellos.

Este anime, creado por Chika Umino, cuenta las historias de Yuta Takemoto, Takumi Mayama y Shinobu Morita, tres estudiantes de arte en una universidad de Tokio que luchan por salir adelante.  Ahí conocen a Hagumi Hanamoto, una joven de 18 años con apariencia de niña y un desbordante talento; y a Ayumi Yamada, una chica impulsiva, hermosa y experta en cerámica.



Es así que la trama nos irá llevando a conocer la vida estudiantil de estos cinco personajes: sus problemas económicos, sus sueños para el futuro, sus crisis existenciales, sus vicisitudes dentro de la universidad, sus relaciones de amistad, pero sobre todo, sus amoríos.

Y es ahí donde Honey and Clover encuentra una de sus principales fortalezas, en la manera tan realista en que aborda las relaciones amorosas. No pretende mostrar amores tormentosos, híper dramáticos y apasionados; sino que muestra el amor natural que surge entre dos personas debido a la cotidianeidad, que se forja en base a la admiración y la convivencia.  Si bien en un primer momento, Takemoto (quien es la voz narrativa de la historia) siente amor a primera vista por Hagumi, es mediante la convivencia y la amistad que él logra darse cuenta de que está verdaderamente enamorado de ella. 

La historia se enfocará entonces a mostrarnos las relaciones de amor y amistad que surgen entre estos cinco; y aunque en apariencia la trama parece no dirigirse hacía ningún lado, uno pronto cae en cuenta que está viendo a los personajes desarrollarse, madurar y convertirse en adultos. Y ese es precisamente el sentido de este anime, mostrarnos el difícil acto de madurar, con todo lo que conlleva, incluidas las caídas, las lágrimas, los desencuentros y los fracasos.



Pero si algo caracteriza a Honey and Clover son los amores no correspondidos, como lo mencioné antes, Takemoto ama a Hagumi pero ésta empieza a darse cuenta de que está enamorada de Morita. A su vez, Yamada está enamorada de Mayama pero esté tiene una relación con su jefa años mayor que él.  Estos triángulos amorosos, esta lista de amores no correspondidos es lo que le pone sabor (y lágrimas) a la historia; pues la manera en la que afrontan el hecho que la persona que aman no los ame, el darse cuenta de que no están destinados a estar juntos, el afrontar esa situación de una manera madura siempre poniendo en alto la amistad, hace que uno se sienta identificado con estas situaciones tan reales.

Es entonces que uno empieza a encontrar significado en los amores no correspondidos de estos personajes, más allá del drama que pueden generar; nos muestran al amor como acto de superación e incluso de liberación. Es el sentido más puro del amor, el que encuentran sólo aquellos que dan sin pedir nada a cambio, aquellos que sabiendo que la batalla está perdida no dudan en pelear.



“¿Hay algún significado para el amor no correspondido o es algo que desaparecerá de la misma forma que algo que nunca existió? Ahora lo sé, tiene un significado, tenía un significado, justo aquí, pues me alegra tanto haberme enamorado de ti”  en palabras de Takemoto.

Honey and clover es un anime en el que no pasa mucho, pero cuenta con una narración tan hermosa, y un gran equilibrio entre humor y drama, que no se puede dejar de ver hasta el final. Sin duda es de esos animes que dejan un buen sabor de boca, como la miel.

lunes, 20 de agosto de 2012

De cómo dejé de ver Grey’s Anatomy o de cómo lloré como loca con Kobato

Ver un drama es una diversión, es evadirse un rato. Durante un momento nos envolvemos en la situación de otras personas que no existen.  Hay un cierto placer, quizás morboso, de ver a gente sufriendo. Es aún más morboso si incluye triángulos amorosos, romances fallidos. Pero siempre ansiamos un final feliz.

Después de ver muchos años Grey’s Anatomy, el drama por excelencia que incluía una serie de casos raros-graciosos médicos, con dramas inverosímiles,  dejó de emocionarme. No me creía los personajes.  Personajes interpretados por personas de carne y hueso. Uno ya no divisa los finales felices o infelices. Uno deja de divisar los finales. Me cansé de los dramas, de las series que me querían malcontar historias de amor. Apagué mi televisor después de más de cinco temporadas. Pero me quedé con ese vacío.

Soy un ser simple. A veces nomás quiero ver una historia redonda y bien contada. Y a veces quiero que esa historia sea de amor. Para eso y superar el que no había ya drama médico alguno que me moviera el tapete, decidí volcarme a lo clásico. A un shoujo, una historia dirigida a mujeres adolescentes. Y si a eso vamos, hay que recurrir a las amigas de CLAMP, conocidas por Magic Knight Rayearth, Cardcaptor Sakura y Chobbits.

Kobato es una historia sencilla y no. La verdadera belleza del shoujo es que el amor es puro, como jamás lo creeríamos de personas que se ven como uno (o como uno quisiera verse). En estos mundos inventados por CLAMP el amor está ahí construyéndose y reconstruyéndose a lo largo de tiempos y espacios. En uno de esos mundos existe Kobato, una niña de vestidos largos y un sombrero, como una versión divertida de Candy Candy porque es torpe, pero sobre todo es buena y quiere ayudar a los demás.


Kobato, el personaje principal tiene entonces una particularidad, es aún más “moe” que cualquier otro personaje de shoujo que haya visto, incluso más que Sakura (la Cardcaptor). En su torpeza-bondad para lograr su deseo –que es un misterio, pues ella no lo recuerda-- debe llenar una botellita con dulces que representan los corazones que ha sanado. Es una historia quizá demasiada ingenua, quizás demasiado cursi y podríamos decir que tener un peluche de ayudante en su misión lo haría aún más ridículo. Pero uno le cree a Kobato que prefiere ayudar a un jardín de niños y a Fujimoto (del que se enamora) antes que lograr su deseo.

Fujimoto, por su parte, en su planez de coprotagonista es un personaje que encierra a un hombre cerrado, irónico, que nunca dirá lo que siente, nos convence que tiene una historia triste detrás que lo justifica (es huérfano y solitario) y aunque mi lado feminista me dice que no, que un hombre que trata mal alguien no tiene justificación, la creo.  Es como un niño pequeño, uno sabe que se toma la molestia de burlarse de alguien porque le importa y, que, cuando se siente demasiado comprometido, huye.  Es lo suficiente seco e inexpresivo para contrarrestar la dulzura de Kobato, que nos podría haber mandado al coma diabético. Por ello la interacción de la pareja en el jardín de niños (donde trabaja él y ayuda ella), se vuelve mágica. Me enamoré de Fujimoto  y se me enchinaba la piel cada vez que mostraba levemente algún tipo de sentimiento.  Me volví espectadora del amor que aparece imposible pero que atraviesa barreras de mundos y durante los 24 episodios esperé constantemente a que ese amor fuese exitoso.



Ioryogi, el fiel compañero de Kobato, es un ser de otro mundo, que la cuida porque le recuerda a un ángel de la que se enamoró. A partir de este enamoramiento, Ioryogi enfrentó a Dios y al orden de los mundos en un momento anterior a la historia que se cuenta. Por este suceso está condenado a tener la forma que tiene y a ayudar  a Kobato. De alguna manera se intuye que Kobato es alguna versión del amor que él tuvo y Fujimoto es algo parecido a su versión humana.  La historia es loquísima pero explica la dureza de los dos personajes masculinos que enfrentan a Kobato y que la ayudan para lograr (o no) su deseo.

Durante más de veinte capítulos amé a los personajes, pero estoy ahí en pleno capítulo 23, llorando como si alguien me hubiera golpeado. Lloro, por una historia aparentemente plana, pues no tiene muchos reveses, no es más de lo que uno espera. La cuestión es cómo la historia al mostrarte la música, la risa y la ayuda de Kobato en cada corazón que sana, logra que la aceptemos como es, como esta joven irreal, fuera del mundo capaz de entender y desprenderse de ella misma. Uno admira a Kobato. Y no, yo nunca admiré a Meredith Grey . Quizás yo ya esté demasiada vieja para llorar por un shoujo. Quizás. Pero lo extrañaba.  



Comentarios adyacentes
El arte gráfico de los personajes es hermoso, el diseño de vestuario de Kobato (si bien no iguala a los vestidos de Sakura) es admirable. La música también es una maravilla. El soundtrack es imperdible. Kobato además de ser buena como el pan, canta como los dioses. Aquí el video de la canción del amor de Kobato y Fujimoto.



Como buena serie de CLAMP hay muchos crossovers (demasiados para mi gusto) pero hay quienes se emocionan de ver a sus personajes de diferentes historias  interactuando.  Yo, no tanto.
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