Mostrando entradas con la etiqueta Tania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tania. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2014

La literatura llevada al anime


Es bueno encontrar animes como Aoi Bungaku (2009), el cual combina hermosas técnicas de animación con clásicos de la literatura japonesa, dando como resultado una serie de seis historias cortas que nos llevarán a explorar distintos aspectos del ser humano.

El encargado de abrir esta serie, y es también la historia más larga, es Ningen Shikkaku (Indigno de ser humano) basado en la novela del escritor Ozamu Dazai. Esta es quizá una de las historias más complejas que yo he visto en un anime. En tan solo cuatro episodios nos muestran la vida de Oba Youzou, un joven que está convencido de que la sociedad es tan decadente e hipócrita, que no puede sentirse parte de ella. "Mi vida fue tan vergonzosa, para mí me fue imposible comprender la forma de vivir de un ser humano". Bajo esta idea, Youzou es incapaz de sentir empatía por los demás o por sí mismo, es por eso que se dedica únicamente a vivir usando falsas máscaras, convencido del demonio que lleva dentro, arrastrando a un espiral de decadencia a cualquiera que se relacione con él.



Ningen Shikkaku se convierte así en una historia que se puede analizar desde diferentes puntos de vista; por un lado se muestra como una crítica a la sociedad japonesa decadente de la posguerra, y por otro es un relato existencialista que busca entender lo que hace al ser humano, humano. La carencia de valores, el vacío existencial, la apatía por el otro, la sociedad consumista, la hipocresía de las personas, todos estos son algunos aspectos que la historia toca; y vaya que son una sacudida emocional para cualquier espectador.    

Kokoro (Corazón) es otro cuento de la serie y también uno de mis favoritas. Basada en la novela  Natsume Sōseki, Kokoro cuenta una historia desde los puntos de vista de dos personajes, el joven y el monje. Los dos tienen una relación, que más allá de una amistad, se percibe como una relación afectuosa entre un alumno y un maestro; ambos cuentan con filosofías de vida distintas pero tienen algo en común: el amor hacia la misma mujer. Es así que estos tres personajes principales se verán involucrados en una historia, que más que ser un triángulo amoroso, se convierte en una exploración a sentimientos como la amistad, la soledad y el amor.



Las otras historias que comprenden la serie son: Sakura no mori no mankai no shita (En el bosque bajo los cerezos en flor) de Ango Sakaguchi. Hashire Melos! (¡Corre, Melos!) basada en una fábula de Cayo Julio Higinio. Kumo no Ito (El hilo de la araña) de Ryunosuke Akutawa. Y por último Jigokuhen (El biombo del infierno) también de Ryunosuke Akutawa.

Todas las historias son dignas de verse y disfrutarse, y nos darán un buen recuento de grandes relatos de la literatura japonesa. Cabe hacer mención que la serie contó con la participación de cinco directores. Esto se ve reflejado en el estilo de la narración que hay de una historia a otra, pero también en la técnica de animación, la cual cambia a lo largo de la serie, lo que viene a darle un toque único a cada episodio.



Es por eso que Aoi Bungaku se convierte en una antología que no debemos perdernos, pues no sólo es un compendio de grandes historias, sino un recopilación de diversas técnicas de animación únicas y hermosas. Es loable el esfuerzo que hace esta serie, pues en tan solo 12 episodios nos da un buen repaso de algunos clásicos de la literatura japonesa. Ojalá existieran más animes como este, que se echan mano de lo mejor de las letras y la animación para crear un producto magnífico.

lunes, 20 de enero de 2014

Estrenos de temporada: Nisekoi


Este año me propuse ver más anime. A veces con la vida de adulto aburrido dejamos de lado las cosas que amamos; pero este año no, este año me pondré al corriente con todos los animes que dejé empezados por alguna u otra razón. Terminaré los capítulos que me faltan de Naruto, Hunter X Hunter, Bleach, etc. Me lo debo, se los debo.

Pero también quiero ver animes nuevos, no tan largos y demandantes como los que cité (o quizá sí, uno nunca sabe), porque esos ya me exigen mucho de mi tiempo, y se los daré. Es por eso que me voy a ir por historias más cortitas, animes de fantasía, romance, terror, no importa; quiero ver anime, quiero enamorarme de más personajes.

En enero hay nuevos estrenos, hay muchos que, al leer las reseñas, se me antojan: Tonari no Seki-Kun, Noragami, Wake up Girls!. En serio, esta temporada hay grandes historias para todos los gustos, chéquenlos en sus páginas de confianza.

Yo por mi parte empecé con Nisekoi (2014), un anime basado en el manga de Naoshi Komi, y me llevé una agradable sorpresa. Este cuenta la historia de Ichijo, un estudiante destacado que aspira a entrar a la universidad de prestigio y a tener un trabajo respetable y común; en el pasado hizo una promesa con una niña que le regaló un collar en forma de candado, de volverse a encontrar un día para abrir juntos el collar y ver lo que guarda dentro, y sería en ese momento en que podrían casarse.

En la actualidad, Ichijo sospecha que esa niña es Onodera, una chica de su salón de la cual se siente atraído, pero por distintas circunstancias no ha podido acercarse y preguntarle sobre el collar. Es entonces que aparece Kirisaki, una estudiante de intercambio, mitad estadounidense y mitad japonesa, que es transferida al salón de Ichijo. Kirisaki e Ichijo de inmediato empiezan a tener roces al grado de prometer que no se volverán a hablar, pero no contaban con que sus familias tienen otros planes para ellos.

Y es que lo que parece ser una simple comedia romántica que girará en torno a un triángulo amoroso compuesto por Ichijo, Onedera y Kirisaki, en realidad es algo más complicado y divertido. Resulta que Ichijo es hijo del jefe de los yakuzas, y Kirisaki a su vez es hija del jefe de una banda de mafiosos. Tanto los yakuzas como los mafiosos son rivales y se encuentran al borde de una guerra sangrienta; por lo que los jefes de ambos lados deciden hacer pasar a sus hijos por novios para calmar la situación y tener paz. Con lo que no contaban es que Ichijo y Kirisaki se odian, y les será muy difícil mantener esa mentira a los ojos siempre vigilantes de los demás miembros.

Nisekoi promete ser una historia muy romántica, pero más que eso es una gran comedia. En los poco más de 20 minutos que dura cada episodio no dejan de soltar chistes y situaciones graciosas. A manera de una comedia de enredos, los protagonistas no dejan de meterse en problemas con tal de aparentar un amor que evidentemente no sienten. Tanto los yakuzas como los mafiosos son personajes graciosísimos, uno no deja de soltar carcajadas cuando aparecen en escena; son tan violentos pero a la vez tan entrañables que vienen a aderezar perfectamente el tono cómico de la historia.

La narración es ágil y no da lugar a que uno pierda el hilo de la historia; valiéndose en ocasiones de varios recursos (como el de presentar a los personajes dentro de viñetas de cómics), hace que sea una comedia ligera y fácil de seguir. Y ni qué decir de la animación y la musicalización, todo encaja perfectamente para crear un anime que promete ser entrañable.



Nisekoi lleva apenas dos capítulos al aire, los suficientes engancharnos a la historia. Ya quiero ver lo que pasa con estos tres personajes; quiero ver en qué acaban todos estos enredos que involucran amor, yakuzas, mafiosos, espadas, peleas y adolescentes enamorados.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Un viaje a través de Tokio


Después de haber visto las tres obras maestras de Satoshi Kon (Perfect Blue, Millennium Actress y Paprika), sólo había un largometraje que me faltaba ver de este director: Tokyo Godfathers.  La sorpresa fue tan grata que tengo que escribir al respecto.

Kon nos tiene acostumbrados a historias con personajes complejos que sirven como principal soporte de toda la trama. Desde una artista juvenil paranoica, pasando por una reconocida actriz obsesionada con un amor, hasta una detective de los sueños. Todos estos personajes son llevados con maestría por historias que viajan a través de una línea muy sutil entre la realidad-paranoia, la realidad-recuerdo, y  la realidad-sueño.

Pero entonces está el caso de Tokyo Godfathers (2003) donde, rompiendo un poco con su tradición, Kon nos regala un viaje por Tokio, esa gran ciudad cubierta de nieve. Los encargados de guiarnos en este viaje son tres vagabundos entrañables: el alcohólico Gin, el travesti Hana y la adolescente fugitiva Miyuki.



Estos tres peculiares personajes descubren a un bebé en la víspera de Navidad, mientras hurgaban basura; además de una nota, la niña trae consigo una bolsa con pistas sobre los padres. Después de debatir entre quedarse con la niña o entregarla deciden que lo mejor es buscar a sus padres; para eso emprenderán un viaje por los recovecos de Tokio siguiendo las pistas y reuniendo el rompecabezas sobre la identidad de los padres.

Lo interesante de esta travesía es que supone un viaje introspectivo para cada uno de los personajes, donde tendrán que enfrentarse con recuerdos dolorosos de su pasado y la carga de todas sus malas decisiones. Durante su viaje los vamos conociendo poco a poco, con esos pequeños destellos que dejan entrever de su vida pasada.

Y es que al final de cuentas Gin, Hana y Miyuki son huérfanos emocionales, que más allá de que tengan una familia o no, han decidido romper los lazos afectivos con las personas de su pasado. Son tres personas solitarias que coinciden en un punto, dentro de esa urbe fría e impersonal como lo es Tokio. Se encuentran y se reconocen en sus soledades autoimpuestas; y en esa huida de su pasado doloroso, deciden acompañarse.



El bebé que aparece milagrosamente entre escombros y basura (con alusiones a la idea cristiana del nacimiento de Jesús) se convierte en el pretexto para que estos tres personajes se replanteen su vida y se enfrenten al pasado del que se encuentran huyendo, todo esto para resarcir sus errores y reencontrar el amor que alguna vez dejaron ir. En el camino se darán cuenta de que la tarea de regresar a la niña con sus padres los hará a su vez encontrar su propio camino a casa.

Y aunque todo esto pudiera parecer muy dramático, la realidad es que este es sin duda el trabajo más divertido y cómico del autor, lo cual no le impide profundizar sobre temas tan propios de la conducta humana, como la soledad, el amor, la esperanza, etc. No sólo nos regala una película cómica con algunos tintes dramáticos, sino que a su vez se convierte en un perfecto cuento navideño a la altura de cualquier otro.

Satoshi Kon nos ha demostrado que sabe contar historias; pero más que contarlas, nos toma de la mano y nos lleva por un vertiginoso viaje a través de sus personajes. Más que espectadores somos cómplices; con él nunca sabemos a dónde nos llevarán estos recorridos estrepitosos, pero nos dejamos llevar porque estamos seguros que siempre será memorable.

domingo, 27 de octubre de 2013

Dos animes musicales


Me gustan los animes que involucran música, artistas e historias de vida. Creo que podemos encontrar varios que cumplan con estas características; en mi vida otaku me he topado con algunos maravillosos que me han marcado (Nodame Cantabile, Nana, Skip Beat!), pero en esta ocasión quiero hablarles de otros dos, los cuales tienen algunas similitudes.

1. Beck



Beck (2004) narra la historia de Koyuki, un chico de 14 años que al entrar a la escuela secundaria su monótona vida comienza a cambiar, sobre todo cuando conoce a Ryusuke, un guitarrista que lo introduce al mundo de la música y el rock. Juntos empezarán una amistad que los llevará a crear una banda de rock, para esto se sumergen en la escena musical del momento, en busca de músicos talentosos que se unan a su proyecto. En el difícil camino de Koyuki para convertirse en un músico profesional se involucran otras personas además de Ryusuke; como Kenichi, su profesor de natación y guitarra, Maho, su nueva amiga que a la vez es hermana de Ryusuke, así como sus amigos de la infancia Izumi y Tanabe. 

Ahora bien, a simple vista Beck parece una historia bastante común: un chico que quiere convertirse en una gran estrella de rock. Pero no es así. Beck tiene la cualidad de ser sumamente realista, tanto en la forma de contar la historia como en sus personajes. Koyuki no tiene un talento natural y virtuoso, lo va adquiriendo a base de su esfuerzo y de tropiezos. Ryusuke, por su parte, a pesar de tener el talento, le ha costado abrirse paso en la música debido a su actitud. La escena musical que nos presenta Beck, esa escena alejada de los grandes escenarios, que encuentra cabida en bares y conciertos pequeños, está bastante apegada a la realidad. Las estrellas de rock no surgen de la noche a la mañana, son el resultado de tropiezos y de un talento que se pule con el tiempo. Ahí la esencia de Beck.



Además, este anime está influenciado por el rock occidental, es por eso que podemos ver referencias o influencias de bandas como Nirvana, Sex Pistols, Black Sabbath, The Beatles, etc. El mismo autor del anime, Harold Sakuishi, se ha declarado fan de los Red Hot Chili Peppers y ha tomado a esta banda como influencia para crear a Beck. Es así que la serie se convierte en un abanico de referencias a la cultura pop, no sólo por la música, sino también por la creación y diseño de sus personajes y la interacción entre ellos. Con una atmósfera sobria, un tanto grunge, este anime destaca mucho por su animación.

Musicalmente Beck es una joya; este es un anime que los amantes del rock no deberían dejar de ver, pues el soundtrack y las secuencias musicales son maravillosas.

2. Detroit Metal City



Ahora pasemos a un anime que además de ser musical es sumamente divertido. Detroit Metal City los hará doblarse de risa, de eso no tengan duda. Este cuenta la historia de Soichi Negishi, un joven tímido y sumamente amable que sueña con ser una estrella pop, pero por diversas circunstancias de la vida termina convirtiéndose en una estrella, sí, pero del death metal.  Es así que su alter ego, Johannes Krauser II, líder de la banda Detroit Metal City goza de gran popularidad entre los fans del metal, los cuales han creado leyendas e historias alrededor de su persona (como que mató a sus padres o que es un demonio del infierno). Mientras tanto, Soichi trata de mantener oculta su identidad heavymetalera de sus padres y de Yuri, la mujer de la que está enamorado.

Esta situación, este debate entre el mundo del death metal y el mundo del pop romanticón, hacen que Soichi pase por situaciones hilarantes. Él desprecia profundamente todo lo que el death metal representa, pero curiosamente es buenísimo haciendo su trabajo. Yuri por su parte, escribe en una revista de música pop y odia el metal, lo cual hará que sea aún más difícil ganarse su amor.

Detroit Metal City está llena de humor negro, con situaciones grotescas pero divertidas. La dualidad del personaje principal, este ir y venir entre Soichi y Johannes Krauser, hace que la historia se mantenga interesante hasta el final. Los personajes son graciosísimos y todos en algún momento nos sacarán alguna carcajada. Además, nunca me había tocado ver un anime donde se dijeran tantas groserías, como lo dije, está llena de humor negro, pesado, pero efectivo. La serie es en sí una parodia del mundo del metal. 



Al igual que Beck, Detroit Metal City tiene referencias a la cultura pop occidental, la música metal claramente está inspirada en bandas metaleras que conocemos, además de que el diseño de los personajes de DMC nos recuerda a los integrantes de Kiss. 

Estos dos animes musicales son muestras claras de que en Japón conocen la cultura occidental, tanto que pueden apropiarse de ella y crear historias que son efectivas para ambos. En Japón saben hacer música, y lo hacen muy bien. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Adiós, hacedor de sueños

Creo que por posts anteriores que escribí, se podrán dar cuenta que soy una gran fan de Hayao Miyazaki y del estudio Ghibli en general. Pero, más que una otaku que se dejó arrastrar por la ola de fanáticos que generó este cineasta a partir de su película El viaje de Chihiro (2001), me gustaría que pensaran en mí como una persona a la que las películas de Miyazaki le cambiaron su forma de percibir la belleza en el mundo. 

Suena exagerado, lo sé, pero lo cierto es que Miyazaki tocó mi corazón de formas en que no había sido tocado: sus personajes, sus historias, sus trazos, su arte, todos y cada uno de los elementos que conforman su trabajo me abrieron los ojos a un cine tan bellamente dibujado y narrado que me conmovía con tan sólo mirarlo.

La primera película que vi de Miyazaki fue El Increíble Castillo Vagabundo (2004); estaba sola en una sala donde nada más había tres personas. Al ver todos esos paisajes, esas escenas coloridas, ese castillo moviéndose al vaivén de una máquina de vapor, me di cuenta que estaba frente a algo único: la obra de un artista, pues sólo un artista puede mover tantos sentimientos en una sola toma.


Después de ese primer acercamiento seguí consumiendo casi toda su filmografía (creo que a esta nerd sólo le falta ver Nicky, la aprendiz de bruja), todas obras excepcionales que cuentan con el sello de su autor, porque Miyazaki tiene esa habilidad, porque detrás de cada paisaje, de cada nave voladora surcando un cielo azulado, de cada personaje entrañable, podemos verlo a él, podemos saber que es él quien nos habla, pues su vida fue contar las historias en su cabeza.

En una ocasión vi un especial de cómo se había hecho El viaje de Chihiro -quizá la más conocida al ser la ganadora de un Óscar- fue impresionante ver cómo Miyazaki revisaba uno a uno los dibujos que formarían cada cuadro de la película: perfeccionista, dedicado, vigilante hasta del más mínimo trazo. Pero también se veía al Miyazaki bromista, el que le prepara ramen a todo su equipo después de una jornada de trabajo; al Miyazaki que habla de sus películas con la misma pasión con la que se cuenta un recuerdo.


Hace poco, Hayao Miyazaki anunció su retiro en el festival de cine de Venecia, sin duda una noticia triste para todos los que seguimos su trabajo; Miyazaki nos ha regalado tantas historias que creímos -ingenuamente- que siempre estaría ahí. Pero no. Kaze Tachinu (traducida como Se levanta el viento o The Wind Rises) será su última película. El estudio Ghibli pierde uno de sus pilares más importantes y nosotros uno de nuestros animadores más queridos. Pero ¿cómo exigirle más al hombre que nos ha dado tanto? Es triste, sin embargo aún nos queda de consuelo Kaze Tachinu y todas sus demás obras (más las otras joyas que seguramente seguirá produciendo el estudio Ghibli).

La buena noticia es que está por estrenarse un documental de la directora Mami Sunada, titulado Yume to Kyōki no Ōkoku (The kingdom of dreams and madness). Aquí podremos ver a Miyazaki trabajando en Kaze Tachinu, a Isao Takahata en su filme Kaguya-hime no Monogatari (The tale of princess Kaguya) y a Toshio Suzuki produciendo ambos proyectos. Gracias a la cámara de esta directora, quien se mete hasta las entrañas del estudio Ghibli, apreciaremos a estos tres haciendo su magia en la intimidad de sus estudios, todo el proceso creativo que sin duda ha de ser una delicia presenciar. Este documental se estrenará en noviembre, en Japón. Ojalá pronto podamos verlo (descargarlo) por acá.


Miyazaki nos da para mucho, cada una de sus películas sería material suficiente para varios posts. Por ejemplo, a mí me gustaría escribir de cómo sus filmes están plagados de mensajes pacifistas y ecologistas; de como algunos de sus trabajos contienen una fuerte crítica a la guerra y al consumismo; o de como es uno de los que ha creado los personajes femeninos más memorables y auténticos dentro de la animación, fuertes y con presencia, Miyazaki es un feminista, pues. Aunque, por el momento, sólo le dedico estas líneas como desahogo ante su partida, la cual dejará un gran hueco en este corazón que cautivó hace unos años. Adiós a mi más grande hacedor de sueños.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un poco más de Shingeki no Kyojin



Ya María nos hablaba en su post pasado de esta serie que se está convirtiendo en un éxito entre los otakus. Ella lo explica mejor: un anime de guerra, una guerra contra gigantes que obliga a los humanos a dominar sus sentidos, a superarse en medida del otro. Es una gran historia, sin duda.

Sabes que es una gran historia cuando después del primer capítulo (sí, el primero) te das cuenta que no podrás soltarla. Y por eso yo no quería dejar pasar una entrada sin decirles qué es lo que más me ha impactado de Shingeki no Kyojin. No hay spoilers. 

María ya nos hablaba de la trama: Gigantes, llamados Titanes,  que atacan a las personas obligándolas a atrincherarse entre murallas como medio de sobrevivencia. Todo transcurre en una época que nos recuerda a una ficticia Edad Media, de ahí que sus armas parezcan rudimentarias; cañones y espadas  son sus mejores armas para combatir a estos gigantes humanoides. Qué fácil resultaría combatir gigantes en una época más actual, digamos con aviones, bombas y todo tipo de armas modernas de destrucción. Pero en Shingeki no es así. Ahí, entre esas murallas de piedra medievales, la mejor arma es el valor.

Pero el valor no siempre existe.

Eso es precisamente lo que me impactó de este anime, que el valor siempre está ausente en todas las batallas. Estamos acostumbrados a ver animes de peleas y guerras donde los personajes hacen muestra de un heroísmo extremo y en ocasiones inverosímil (recuerdan cuántas veces Seiya se levantaba a pelear aunque ya sólo fuera una piltrafa de carne). En las batallas, los héroes siempre van a pelear sin dudar ni un momento en dar su vida por la causa que defienden, eso los hace héroes, eso es lo que hacen los protagonistas de las historias.

Pero en Shingeki no Kyojin es diferente, acá nuestros protagonistas tienen miedo de ser devorados por los gigantes; ellos temen, dudan, tiemblan y se paralizan de miedo cuando ven al oponente, porque se saben insignificantes a su lado. En estas batallas no hay actos heroicos, toda la atmosfera está infestada de miedo, de caras llenas de temor, de soldados que abandonan a sus amigos, de soldados que se esconden sin siquiera poder moverse y luchar.



Eso sin contar que el hecho de que se encuentren rodeados de muros hace que la atmósfera sea más opresiva, lo que da la sensación de que no hay escapatoria; una situación de ganar o morir. Pero nos damos cuenta que tienen todo en su contra para poder ganar.

La acción en este anime es impactante precisamente por eso, no escatima en mostrarnos imágenes de soldados asustados, de soldados siendo devorados sin poder hacer nada al respecto. Si alguno llega a salvarse sabe que fue porque tuvo que sacrificar a otros de su equipo. Es este aspecto lo que hace que Shingeki no Kyojin se aleje de las historias de fantasía y se acerque a las historias reales; mostrar una guerra con toda la crueldad y daño psicológico que causa entre sus participantes; enfrentarse al enemigo sabiendo que sólo se es carne de cañón, que sólo se está comprando un poco de tiempo.
  
Pero bueno, Shingeki no Kyojin es más que eso, sin duda es de las mejores historias que hay actualmente; mezclando steampunk, ciencia ficción, fantasía, gigantes y batallas, da como resultado un anime que pinta para quedarse mucho tiempo en el gusto del público, porque al final de cuentas es una historia épica. Sus personajes principales, Eren, Mikasa y Armin forman un buen equilibrio entre fuerza, agilidad e inteligencia, y sin duda nos regalarán grandes momentos heroicos.



Pero yo les quería contar del miedo que se percibe en las batallas de Shingeki no Kyojin, que es lo que a mí me tiene impactada, intrigada y angustiada cada vez que veo un capítulo. Porque el miedo es algo inherente a cualquier guerra, y pocas veces se retrata tan bien como en este anime. Eren alguna vez en la infancia, durante un momento de desesperación, le grita a MIkasa ¡Debes de pelear, si pierdes mueres, si ganas vives! Sin saberlo, esta frase se convirtió en lo que ahora guía sus vidas: pelear para vivir, pelear para no morir. Mikasa lo entendió, en esta vida el grande se come al pequeño y sólo sobrevive el más fuerte; porque al final de cuentas este mundo no conoce la piedad.


domingo, 25 de agosto de 2013

Los vampiros creados por la pluma de las mujeres


Después de que Twilight le quitara todo lo divertido a las historias de vampiros para dejarlas caer en un abismo de cursilería, llegó la serie de HBO, True Blood, la cual a pesar de tener la dosis de romanticismo necesaria, rescata un poco el género al mostrar vampiros, aunque guapos,  sedientos de sangre cuyas acciones parecen dirigirse más por la lujuria que por el amor.

¿Qué tienen en común Twilight y True Blood? Aparte de ser éxitos comerciales (el primero en cine, el segundo en televisión) y contar con millones de seguidores,  los dos están basados en novelas escritas por mujeres.

Twilight fue creado por Stephenie Meyer y es el primero de 4 novelas donde cuenta la historia de Bella y su romance con el vampiro Edward, la historia transcurre en el pueblo de Forks, Washington, un lugar que desconoce la existencia de los vampiros y las criaturas sobrenaturales.

Por su parte, True Blood está basado en la serie de libros Southern Vampire Mysteries escritos por Charlaine Harris, en los cuales seguimos las aventuras de Sookie Stackhouse, una camarera con poderes telepáticos, que se enfrenta a criaturas sobrenaturales como vampiros, hombres lobos, brujos, etc. todo esto en un pequeño pueblo al norte de Luisiana. En este universo, los vampiros han salido a la luz pública lo que genera constantes disputas, hasta políticas, entre humanos y vampiros.



En lo personal prefiero el trabajo de Charlaine Harris y True Blood, pues a pesar de tener a la heroína guapa de la que todos se enamoran (como Bella, pero acá está justificado porque básicamente Sookie tiene más encanto) rescata los elementos tradicionales de las historias de vampiros; toma el mito de estas criaturas nocturnas y lo inserta en un contexto actual pero en un ambiente conservador y tradicional como lo suele ser el de los pueblos sureños de Estados Unidos.  

Pero bueno, pero qué tiene todo esto que ver si acá nos compete el anime.

Pues verán, el otro día viendo el nuevo capítulo de True Blood, una escena me hizo recordar un anime que vi hace tiempo; se trata se Shiki (2010) y al igual que True Blood, la trama se desarrolla en un pequeño pueblo, en este caso en Sotoba.



Shiki también es una historia de vampiros, o al menos eso nos hacen creer,  pues todo se desarrolla con tal suspenso que no sabemos a qué se enfrentan los habitantes de Satoba hasta bien avanzada la trama.

Como ya dije, Shiki se desarrolla en un pueblo pequeño y apartado, rodeado por un espeso bosque que atenúa la sensación de encierro. Poco después de que una familia extravagante -a los que sólo se les ve de noche-  se muda al pueblo, misteriosas muertes comienzan a ocurrir; los habitantes empiezan a enfermar de lo que parecer ser una anemia y a los 3 días fallecen. El médico del lugar, Ozaki Toshio, comienza a investigar lo que parece ser una epidemia sin precedentes.



En un pueblo tan pequeño donde todos se conocen,  esta situación empieza a mermar en el ánimo de los lugareños, quienes comienzan a desconfiar unos de otros. Ahora se tendrán que enfrentar a los levantados (okiagari), que no son otros más que los aldeanos muertos por la misteriosa epidema que reviven para alimentarse de la sangre de los vivos. Ozaki Toshio, junto con su amigo el monje Seishin Muroi, deberán resolver el misterio de los levantados para tratar de salvar la aldea. Para ello se toparán con otros personajes que les ayudarán en esta tarea.

Shiki es uno de los animes de terror y suspenso mejor llevados, con una historia diseñada y contada de manera que el espectador nunca sabe a qué se están enfrentando, la habilidad con la que manejan el misterio hace que sea uno de sus puntos fuertes. Es así que también cuenta con tintes de thiller donde con cada capítulo nos vamos acercando a resolver el misterio que rodea a  Satoba.



La animación y el diseño de los personajes son de resaltarse, pues todo el arte visual de la serie aumenta la sensación de desolación que envuelve a esta aldea.  Los paisajes vacíos y estéticos, la oscuridad que está presente en casi todas las tomas,  las escenas gore llenas de colores brillantes, todo esto hace que Shiki sea una experiencia escalofriante y hermosa. Si han de ver un anime de terror, que sea este.

Me puse a investigar y Shiki está basado en un manga que a su vez está basado en una novela de la escritora japonesa Fuyumi Ono, la cual se ha caracterizado por sus novelas de fantasía y terror como es el caso de Los Doce reinos.



Cada vez más escritoras acuden a este género, inspiradas seguramente en la maestra en la materia Anne Rice. Las autoras reinterpretan el mito del vampiro, haciendo de él un ser seductor, atractivo y poderoso. El vampiro enamora a las inocentes protagonistas y las arrastra al disfrute de sus deseos más ocultos, como una salida a la monotonía de sus vidas. Será entonces que los vampiros pasan a ser símbolo de la liberación sexual de las mujeres; las cuales se convierten a sí mismas en objetos de deseo.

Es curioso porque esto prueba que en el género de los vampiros las mujeres han dominado el tema y lo han popularizado a niveles masivos; he ahí el caso de Anne Rice, o el de Meyer y Harris del cual hablábamos. Estas escritoras han convertido a los vampiros en símbolos sexuales, en adorables monstruos chupasangre. Por eso es bueno encontrarnos con casos como el de Fuyumi Ono, que más que vampiros guapos nos presenta una  reinterpretación del género, una combinación de vampiros  zombies, pero sobre todo, una sociedad destruida por sí misma, por el miedo a lo desconocido y su incapacidad de enfrentarse a seres que escapan de su comprensión.  


domingo, 4 de agosto de 2013

Primeros acercamientos al anime

¿Cómo recomendarle a alguien que nunca ha visto anime, que vea anime? ¿Cómo convencerlo de la riqueza narrativa y visual que tienen estos "dibujos animados"? Me pongo a pensar cuál fue el momento en el que me hice fan del anime; ese momento en el que supe que ya no podría dejar de verlo, que iba a ser una otaku toda mi vida. 



Tendría que volver muchos años atrás, durante la infancia consumía todo lo que la televisión abierta me ofrecía en cuanto a caricaturas. Fue ahí donde conocí a Los Caballeros del Zodiaco; de ahí vinieron otros como Sailor Moon, Las Guerreras Mágicas, Ranma 1/2, Dragon Ball, Supercampeones, etc. Yo era asidua a estos pero sin saber lo que era un anime en sí, los consumía junto con otras caricaturas norteamericanas, como si todo fuera parte de lo mismo.

Después con el cable -y ya a mis 18 años debo agregar- dedicaba largas horas a ver canales como Nickelodeon, pero en especial Cartoon Network (soy fanática de Cartoon Network, aún ahora, demándenme). Aquí descubrí la barra nocturna que este canal le dedicada a la animación japonesa, Toonami, donde me enganché con Inuyasha, además de animes como Saint Seiya (otra vez), Yu Yu Hakusho, Capitain Tsubasa, Zatch Bell, Mirmo Zibang y demás. También gracias a Cartoon Netwok conocí otras joyas como Ashita no Nadja, Love Hina y Gakko no kaidan (mejor conocida como Historias de fantasmas).


Fueron buenos tiempos.

Pero ver anime en la televisión requiere mucho esfuerzo, la barra de Toonami empezaba casi a la media noche, eso sin contar que de repente dejaban de trasmitir alguno y lo sustituían por otro, sin previo aviso, dejándonos morir en desesperación. No fui de los afortunados que tenían Animax, así que tuve que buscar nuevos medios para seguir viendo anime, y fue así que terminé en You Tube. 

En You Tube vi Death Note, y puedo decir que fue la serie que me enganchó definitivamente, y sin vuelta a atrás, al mundo otaku. Y es que Death Note te atrapa y no te deja ir, ni si quiera te deja respirar entre un capítulo y otro; es tan hipnotizante, tan vertiginosa y arrebatadora que no puedes dejar de verla. La devoras. Una vez que la terminas, quieres ver más, por eso empecé mi búsqueda de nuevos animes y nuevas páginas para verlos, me di cuenta que el internet lo tenía todo si uno sabía buscar. Encontré títulos muy buenos con historias que exprimían el corazón, era todo un nuevo mundo y yo lo descubría con cada capítulo, con cada personaje, con cada diálogo. 



Luego vino la difícil etapa postuniversitaria, cuando uno no sabe qué hacer con su vida y pues decide mejor no hacer nada, al menos por un tiempo. Sabía que tenía que conseguir un trabajo y ser un adulto funcional de la sociedad, pero simplemente no tenía ganas. Y fue ahí que Naruto llegó a mi vida, me gustó tanto que me abracé a él, y no lo solté hasta que lo terminé -al menos hasta el capítulo en que iba- aún ahora no la suelto, pues después de más de 500 capítulos el anime sigue, y seguirá. Ver anime requiere mucha voluntad.

Le tengo un gran cariño a Naruto, llegó en un momento en que lo necesitaba, encontré una gran belleza en sus personajes y en sus historias (y en las peleas ninjas, claro); además, me unió de una manera tan íntima y bonita con María (senpai, desde entonces): Naruto nos salvó de la depresión de salir de la universidad, nos gusta decir entre bromas. Pero sí, Naruto nos salvó.


¿Cómo recomendarle a alguien que nunca ha visto anime, que vea anime? 

Creo que hay un anime para cada persona, seguramente se toparán con una historia que les haga explotar la cabeza (no literalmente) y en la que encuentren ese sentimiento que no habían encontrado en otro lado. Pasa, se los puedo asegurar. Pero entre la gran cantidad de géneros que hay es fácil perderse, además de que los gustos de cada persona, como es obvio, varían mucho. Qué difícil se me hace recomendar un anime, es algo tan personal, tan circunstancial. Pero a pesar de eso, hay animes que siempre serán buenos, pues sus tramas y sus personajes están tan bien estructurados que te hacen querer seguir viéndolo hasta el final; prueba de ello es Death Note (todos los que empiezan a verla la terminan, aunque luego despotriquen contra ella), Cowboy Bebop también es un buen primer acercamiento, así como Fullmetal Alchemist (el Brotherhood, por favor) y Monster (todos tienen que ver Monster).

Pero lejos de todo esto, yo siempre les digo que hay animes que tienen historias que no le piden nada a las series gringas que tanto nos gustan. Además el formato de la animación, el arte que existe en cada toma, en cada gesto, es algo que todos merecemos ver, por el mero placer de la contemplación. 

Y pues sí, a veces el anime también te salva.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...